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¿Se puede? Hasta el corral

Por RAMIRO

Querido nieto, Tengo, tengo, tengo, tú no tienes nada, tengo tres ovejas en una manada, una me da leche, otra me da lana, y otra corre y salta para toda la semana. Hablemos de nuestras vidas. Tu padre, para no ser menos, tuvo una gran despedida. Menos mal que por entonces ya estaba cerrado el prostíbulo de las traseras de la Piedra del Berrocal. Allí sí terminó la mía. Después, quiso Dios, le llegó el conocimiento. Las juergas de joven. Tu madre, una santa, pero no me preguntes si se casaron por el Fuero del Baylío. Tu abuela y yo sí. Aquí, en el puerto de Albahacar, te trajo tu madre al mundo, apresuradamente, pues te anticipaste a la jugada. Y por deseo expreso de ella, la vida se le iba en ello, hubo que bautizarte en el baptisterio de Santa María del Mercado, ahí fue nada su antojo. Hasta el mismísimo cura clamó a los cielos, pero como San Mateo estaba cerrada por obras, lo acató. Así que recibiste el agua bendita de capitel de mármol visigodo y junto al Castillo. Cual infante. Y por aquellos entonces yo te cantaba A dormir mi niño, que los ángeles van a cantarte y cuidarte para que duermas en paz. Y dejaste de ser morito. Ibas más flamenco con tu faldón. Y tu abuela, que fue la madrina, con orgullo te recibió en sus brazos, mientras cantaban aquello de Madrina pelona, gata paría, si no nos echas perras, que se te muera la cría.

  Y si bien podemos hablar de Historia concentrada en lugar tan pequeño, desde la prehistoria, pasando por vetones hasta la reconquista con Fernando II, Alfonso IX, Felipe V, no son menos historias las que hoy en día se producen en su seno. Siempre hemos sido muy dados a la guerra. Y con Portugal, ni te cuento. Pareciese que nos teníamos tirria. Y ya ves, tú, desde bien pequeño, te puso tu madre a aprender portugués en la escuela. Voce fala.

Pero es verdad, hemos sido hasta valientes. Muchos de los de aquí marcharon a América cuando la conquista. Unos la diñaron, otros se enriquecieron. Yo por entonces no había nacido. Lo mismo el hambre, con lo que como, me hubiese llevado a cruzar el charco. ¿Me imaginas en Caracas o en Perú?

Aquí he gastado mi vida, primero en el campo, después en la villa. Fui más feliz allí, con tu abuela, tu padre que allí nació, los animales, las tierras, faenando de sol a sol; aquí se apoderan de mí los recuerdos, el pasado se vuelve losa, y evoco a mi padre, tu bisabuelo, que un buen día, sin meterse con nadie, con quién se iba a meter él si era un ignorante incapaz de hacer mal a nadie, lo único que le gustaba, y mucho, era el vino, desapareció. Que si mañana, que si la semana próxima, que si el mes que viene, hasta ahora.

Aquí murió mucho represaliado por ser valiente y defender un mundo más justo. Aquellos consejos de guerra totalmente injustos y despiadados, la fosa de Valdihuelo. Mejor… Y tú todo el día con esa música Chiquitan, chiquititan tan tan, que tun pan pan que tun pan, que tepe tepe… No sé cómo no te pones loco. Mira tú, llego hasta pensar que con esos ritmos manipulan vuestro comportamiento. Nunca he hablado con ninguno de esos que pronto vienen a Contempopránea, los habrá de todo, pero entre pintas y pelos, tú no me digas a mí. Dios me perdone si estoy juzgando mal a nadie. De verdad. Son indies, de indios, creo, y van a su bola, rechazando lo que se les impone, pero a mí lo que más me gusta de ellos es que son pacíficos, educados. Mira que llevan viniendo años y jamás ningún problema de saña, violencia o robos. Da gusto. Gente moderna pero de buen vivir, no como alguno de los de aquí. Sin comentario. Y ahora que por la edad me han traído a vivir a tu casa, ya te iré contando más cosas.

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FOTO: Indies en Contempopránea

 

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