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Intercambio epistolar con Edward Cooper

Aureliano Sáinz

En algunas ocasiones me he preguntado cómo hubiera sido la trayectoria de Adepa sin la inestimable ayuda que recibimos del historiador británico Edward Cooper. Estoy seguro de que el camino que recorrimos sustancialmente no habría sido distinto, pues la convicción que teníamos en la defensa de la integridad del Castillo de Luna nos cohesionaba y nos hacía ver, con muchos elementos en contra, de que no podía destrozarse para que se llevara adelante esa monstruosidad arquitectónica que habían previsto quienes, sin importarles el valor histórico de la fortaleza, estaban dispuestos a ejecutarla con enormes alteraciones en su fisionomía.

Sin embargo, contar con el apoyo y los consejos del mayor hispanista británico especializado en el estudio de las fortalezas españolas de los siglos XIII y XIV, con especial significación las del reino de Castilla, suponía un estímulo y un orgullo para nosotros, ya que su respaldo era una auténtica carta de presentación, al tiempo que nos proporcionaba la garantía de que la razón estaba de nuestro lado.

Han pasado los años de aquella intensa lucha. El despótico ‘régimen’ definitivamente ha sucumbido. (¡Cuánto ha costado!) Ahora nos encontramos en los inicios de la recuperación de Alburquerque, por lo que el Castillo de Luna tiene que renacer del abandono al que se ha visto sometido durante largo tiempo. Entre otras cuestiones, debe abrirse el Centro de Interpretación del Medievo como elemento complementario y de atracción de las visitas, recuperar actividades en su interior, al tiempo que abordarse la restauración en aquellas partes de la fortaleza que, preocupantemente, se están deteriorando.

Pero el paso del tiempo no ha sido obstáculo para que la amistad que se forjó entre este gran historiador y los miembros de Adepa no permaneciera. Así, una vez que Edward Cooper se ha jubilado, desde su residencia londinense, solemos recibir noticias suyas, manteniéndose el contacto telefónico y epistolar.

De este modo, recientemente nos hemos intercambiado informaciones por correo electrónico, tanto personales como otras referidas a temas que tienen relación con Alburquerque o Extremadura. Así pues, presento uno de sus últimos escritos que he recibido para que aparezca en Azagala, ya que, como podemos comprobar, no se olvida de un pueblo que siempre ha sido una referencia en su vida, tanto profesional como personal.

***

Querido amigo:

Tengo que subrayar cuánto aprecio la foto de la gente de Alburquerque colgada en internet, con palabras de agradecimiento. Este tipo de cosas, de las que no tengo muchas, me son más importantes que cualquier dignidad de academia o doctorado honorífico.

No he podido viajar últimamente, por un ataque de gota/podagra. Ahora lo estoy superando y en septiembre espero poder estar rodando como sobre cojinetes. Elemento dietético importante es la consumición de raciones generosas de cerezas, faena nada ingrata. Las que se consiguen por aquí suelen ser importadas de Extremadura, del valle del Jerte, precisamente.

En estos momentos estoy preparando un artículo sobre la rebelión de las “Comunidades de Castilla de 1520 en Extremadura”, tema realmente inédito. Como no he podido desplazarme, me he ocupado buscando fuentes en internet. Sorprendentemente, hay cantidad de documentos inéditos al propósito y no he perdido un momento. Además, me he enterado de numerosos atajos y errores a evitar, de los que de otra manera hubiera prescindido. No existe en Badajoz documentación de la época, pero creo que lo voy a encontrar en Madrid.

Debo admitir que no sé ahora cuándo podré volver a Alburquerque. Tengo mucho interés en ver el nuevo régimen en el consistorio alburquerqueño, pero hay que terminar primero la labor.

Recibirás más noticias cuándo las tenga. Saludos.

Edward Cooper

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Muy pronto respondí a la carta de este amigo. En el escrito hice alusión a la fotografía que creo él citaba y que muestro en la portada del artículo. Recuerdo que fue realizada Francis cuando celebramos, en noviembre de 2017, el décimo aniversario de la creación de Adepa. Allí estábamos un numeroso grupo de amigos y miembros de la asociación, junto al propio Edward Cooper, que en el centro del colectivo se encontraba feliz comprobando el aprecio que se le tenía (y se le tiene) en Alburquerque.

Le comenté que, efectivamente, el ‘régimen anterior’ había terminado, ya que el grupo formado por IPAL y tres concejales socialistas ha asumido la dura tarea de cerrar el negro período del ‘vadillismo’ y levantar sobre las ruinas, que por doquier nos dejó quien se creía algo así como “el enviado de los dioses”, no solo la esperanza de la recuperación del pueblo, sino también la de abordar la tarea de afrontar los múltiples problemas que diariamente tienen que resolverse.

Además, le indiqué que el tercero por la izquierda de la fotografía colectiva  que posa con los brazos cruzados, con camisa azul y pantalón vaquero, es Manolo Gutiérrez, el actual alcalde, quien ha encabezado ese cambio que ya puede claramente verse en Alburquerque.

Pasé al tema de las publicaciones, sobre el que debatimos con frecuencia. Así, le hablé de la presentación que en septiembre u octubre se realizará en el pueblo del libro Vida y muerte de don Álvaro de Luna. La historia del Castillo de Luna y la lucha por conservarlo. Sobre este libro, todavía en imprenta, le expresé que ha sido un placer escribirlo, ya que se lo he dedicado a la memoria de mis padres, quienes nos educaron, a mí y a mis hermanos, a querer y a respetar a un pueblo en el que nacimos y nos criamos, por lo que forma parte de nuestras vidas. También le expliqué la trayectoria de mi padre como médico forense en Alburquerque, profesión que a él le apasionaba.

Como Cooper (de este modo solemos llamarlo en Adepa) es un incansable investigador, no me ha extrañado que su última obra, Siete episodios de la rebelión de las Comunidades de Castilla (1520-1521),la esté ampliando con un artículo acerca de los levantamientos comuneros que se produjeron en nuestra tierra, ya que por entonces el reino de Castilla era el mayor de la Península y del que Extremadura formaba parte.

Cerrando la misiva que le remití, le reiteraba que, si se encontraba en condiciones de viajar por esas fechas, sería una enorme alegría contar con su presencia. Aunque, lógicamente, esto estaría condicionado a las vicisitudes de la salud, que siempre es un elemento de incertidumbre en cualquiera de nosotros.

Finalmente, al poco tiempo de enviarle este escrito, recibí una larga carta suya en la que me hablaba de su estado actual, de su vida como jubilado, de los gratos recuerdos que le traía Alburquerque, de las dificultades de difusión de las investigaciones y publicaciones medievales… A fin de cuentas, de cosas que han formado su mundo después de tantos años.

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