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“La libertad trae el progreso” y el miedo nos “agacha la cabeza”

“La libertad trae el progreso”. Ese comentario lo hizo ayer Manolo Gutiérrez, portavoz de Ipal, para referirse al buen aspecto que presentaban las terrazas y los bares de la plaza de España y alrededores al terminar la concentración contra la política de pisoteo de los derechos de los trabajadores, a cuya mayoría ya se adeudan cuatro mensualidades. Y es que ayer, sin lanzar las campanas al vuelo ni mucho menos, Alburquerque pareció un pueblo vivo. Cerca de 200 personas calculó el sindicato USO, organizador del acto, y más de 150 contamos nosotros.

Para empezar, Eduardo de las Heras, periodista amigo de Mariano Cordero leyó un escrito dedicado a este alburquerqueño solidario que nos dejó hace unas semanas y al que rendiremos homenaje en la edición impresa de AZAGALA.

Juan Antonio García, un sindicalista coherente que está dando la cara por todos los trabajadores municipales pese a que USO solo obtuvo representación entre los funcionarios municipales, habló de la transformación social que debe pretender el sindicalismo, de la lucha por servicios públicos de calidad, y citó la policía local, desmantelada aquí por el vadillismo, y la guardería municipal, momento en que se ganó el mayor aplauso.

Los dos minutos más sobresalientes de su intervención los escuchamos en el enlace de arriba, cuando pidió con rabia a los alburquerqueños que no callen, que luchen por sus derechos. “¡Que no compren vuestro silencio!”, clamó. Antes había citado a uno de sus pensadores de cabecera, José Luis Sampedro, y narró la historia de esa frase suya tan apropiada en nuestro pueblo: “En mi hambre mando yo”…

Una trabajadora valiente, Isabel Rodríguez, habló de “poner su granito de arena por la dignidad de los trabajadores y del pueblo de Alburquerque”. Recordó que “nuestros abuelos y nuestros padres tuvieron muchas veces que agachar la cabeza y cerrar el puño con fuerza y tragar con las injusticias que en aquellos tiempos sufrían los obreros”. “Y parece mentira, añadió, que tantos años después en este pueblo vivíamos algo parecido”.

Isabel, a quien el ayuntamiento debe 10 días de trabajo del mes de octubre pasado, aseguró que “a mí nadie me robaría el pan de mi familia, ya tuviera el poder que tuviera, porque ante eso no hay miedo que valga”.

 

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