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SUPERSTICIONES EN ALBURQUERQUE (2)

EUGENIO LÓPEZ CANO

DE LAS MADRES E HIJOS

 A la mujer recién parida se le prohibía peinarse con peine puesto que las púas eran muy peligrosas para la cabeza y podía clavárselas * No se le permitía comer higos o brevas porque las semillas de dichos frutos se metían en la venas, ni comidas condimentadas con ácido o vinagre * A los niños no se les pesaba porque se decía que niñoh pesa(d)oh no son logra(d)oh * Al niño moro, es decir sin bautizar, no se le podía sacar a la calle hasta tanto no fuera bautizado * Si el niño fallecía, sin haber cumplido seis o siete años, al menos, no se ponía luto por él, puesto que se decía que se le quitaba la Gloria * Para hacerle desaparecer el hipo al niño solían ponerle en la frente un trocito de pelusa de su propia prenda, mojada en saliva * No se permitía hacer reír al niño ni jugar con él porque, referido a lo primero, era como si fuera a hablar antes de tiempo, y se temía que ocurriera antes de la edad prevista * Si sonreía por la noche es que estaba cogido de la luna; lo mismo ocurría cuando persistía en el llanto * No se le daba mucho de comer si al día siguiente había luna llena * La luz de ésta sobre la cuna, mientras se hallaba dormido, era peligroso porque podía ser cogido por la luna.

DE LAS ENFERMEDADES Y OTROS MALES

 Para la curación de una hepatitis se ha de colocar una planta de perejil en la habitación, y esperar a que se seque * Para los calambres y entumecimientos, hacerse con saliva la señal cruz en la piel de la parte correspondiente. * Comer bellotas verdes producen paperas * El dolor de vientre de un niño se quita si una melliza se lo frota con las manos * Para curar las almorranas se guarda el tronco de la gamona en un bolsillo, y se espera a que se seque * En el Sábado Santo, cuando en la Vigilia Pascual se bendecía el cirio, si se llevaba en las manos una vela, ésta servía después para los días de mucha tormenta y para los enfermos muy graves * Mirar la luna, sobre todo en plenilunio, y en especial los niños, puede enfermarse de fiebres incurables y malignas; se dice: “La que te coge vasía te revienta, con que si te coge llena…”.

Del culebrón o culebro. Hay personas que creen que el culebrón aparece porque una serpiente preñada pasó por su ropa (Pienso que debe referirse cuando la ropa se lavaba en el campo y se extendía sobre la hierba). Se curaba pasando la piel de una serpiente macho por toda la ropa.

De las verrugas. Se cuentan tantas protuberancias de una hoja fresca de encina como verrugas se tengan; se guarda en el bolsillo, y, al secarse, desaparecen dichas excrecencias * Lo mismo, pero grabando en la rama de un olivo el mismo número de cruces que de verrugas, y enterrándola en un lugar apartado * Echando tres puñados de sal en la puerta de otra casa, se le pegarán a la persona que habite en ella.

Del mal de ojo. Si se le dice a un niño “¡qué guapo y qué buen moso vah’j’hasé!“, y no se cumple, o también “hay que ve lo bien que te conservah“, y después caes enfermo, se piensa que aquella persona le echó el mal de ojo.

De la mimbre. Las mujeres de Alburquerque solían llevar a sus hijos herniados en la noche de San Juan a una curandera de San Vicente de Alcántara, al tiempo que se le decía: “Quebrao lo’ntrego, sano me lo daráh“. Al niño se le introducía varias veces por el centro de una vara de mimbre, previamente doblada; atada por sus dos extremos, si se volvía a unir, era señal de que el niño se había curado.

De las tercianas. Fiebres malignas e incurables. Cuando no se sabía cómo remediarlas, el enfermo se dirigía a una fuente cualquiera, y allí, de espaldas a la misma, arrojaba por encima del hombro un puñado de sal, al tiempo que decía: “Tersianah tengo, / tersianah son, / aquí te lah quedo, San Ehpolón“, en la creencia de que las fiebres las cogía la primera persona que allí se paraba * Se curaban igualmente con el ajogamiento, o piedra de San Bartolomé (en el mes de agosto).

FOTO. Traspasar el adarve que conduce a la Villa Adentro es adentrarse indefectiblemente en lo imaginario; un mundo obscuro -el medievo de la vida- donde las creencias religiosas convivían con las supersticiones de un pueblo abocado a la ignorancia.

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