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Cuando la soga aprieta

“En España lo mejor es el pueblo. Siempre ha sido lo mismo. En los trances duros, los señoritos invocan la patria y la venden; el pueblo no la nombra siquiera, pero la compra con su sangre y la salva.” Antonio Machado

JUAN ANTONIO GARCÍA PALOMO

Cada vez se hace más palpable el descrédito generalizado de los partidos, de los representantes de los mismos y de los representantes públicos en general, y en este contexto la desobediencia civil debería constituir una herramienta fundamental en los estados democráticos, sirviendo para activar dos principios legitimadores del propio orden democrático: de un lado la soberanía popular, y de otro lado el reconocimiento del derecho a tener derechos.

   Es entonces cuando esta desobediencia a la Ley debe entenderse como una resistencia a la autoridad, adoptando formatos diferentes a lo largo de la historia. A veces a estos desobedientes se les denomina rebeldes, otras se les llama resistentes, revolucionarios, etc. Sin embargo, en la actualidad se ha extendido utilizar el término “desobediencia civil” para denominar este tipo de movimientos en un contexto amplio, refiriéndonos con ello a los actos o movimientos de protesta sociopolítica por convicción o motivos de justicia social emprendidos por la ciudadanía.

  A estas alturas a nadie puede escapar que la situación sociopolítica y económica de Alburquerque tiene difícil solución, por no decir ninguna. La situación de asfixia financiera provocada por la elevada deuda generada por los gobiernos anteriores se hace insostenible, hasta el punto de que no existe margen alguno para gestionar públicamente el Ayuntamiento, básicamente porque no se puede gestionar lo que no existe, que es dinero para poder afrontar los gastos que genera el sostenimiento de los servicios públicos y esenciales que demandan sus ciudadanos. Y de ahí a la ruina más absoluta y el colapso del consistorio solo hay un paso, porque los ingresos que entran por un lado en forma de impuestos, tasas, subvenciones, etc., salen inmediatamente por otro, pero incrementados exponencialmente debido al pago de intereses y deudas atrasadas.

En el Encuentro de AZAGALA, donde fue reconocida su labor de lucha por los derechos de los trabajadores

  Y es en este contexto en el que entra en juego la posibilidad de plantearse en Alburquerque una desobediencia civil generalizada para la objeción fiscal, que traducido al lenguaje común sería rebelarse dejando de pagar masivamente todo tipo de impuestos. Porque… ¿qué sentido tiene para el ciudadano pagar impuestos si no recibe una contraprestación justa en forma de servicios? De esta forma se estaría llevando a cabo (según definieron Bedau, Rawls y Habernas) una “acción de protesta colectiva, moralmente fundamentada, pública, no acorde a la ley, consciente y pacífica que, violando normas jurídicas concretas, busque producir un cambio en las políticas o directrices de un gobierno” (en este caso el Gobierno Central), de tal forma que se pretendiera forzar el rescate financiero del Ayuntamiento permitiendo un pago de la deuda dentro de un contexto mucho más flexible y que todo ello revierta en el derecho del pueblo a tener derechos, como sería el poder disfrutar de servicios públicos esenciales en igualdad de condiciones que el resto de municipios extremeños. Y esta objeción fiscal masiva debería estar apoyada por todos y cada uno de los grupos políticos con representación en el Ayto. de Alburquerque, dando visibilidad y notoriedad públicas a la situación que afronta el consistorio, entendiendo que, pese al desmadre y desgobierno llevados a cabo por representantes indeseables de épocas pasadas, el pueblo tiene derecho a poder empezar desde cero la reconstrucción de su futuro.

   Martin Luther King dijo hace más de 40 años: “Tendremos que arrepentirnos en esta generación, no tanto de las malas acciones de la gente perversa, como del pasmoso silencio de la gente buena.” Y precisamente gente buena es lo que sobra en Alburquerque, por lo que si fuera necesario… ¿por qué no una Asamblea General de todo el pueblo y volver a la Plaza para debatir sobre esta cuestión y otras posibles medidas reivindicativas a llevar a cabo para conseguirlo? Y llegado el caso, ya que Alburquerque parece no existir para el Gobierno Central a efectos de rescatarlo financieramente… ¿por qué no organizar una excursión de todo Alburquerque al Ministerio o al mismísimo Congreso? Desde luego, razones no faltan.

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PORTADA. Con Juan Pedro Pulido, al que acompañó en su huelga de hambre

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