EUGENIO LÓPEZ CANO
Ya hemos comentado que la cerca sólo debió abrazar parte de la Villa Adentro, quedando el resto de los barrios y arrabales fuera de la misma, al hilo en este caso de las futuras puertas de la Villa, de Alcántara y de Valencia.
De no haber ocurrido así, al transcurrir el tiempo, por el aumento de población y el traslado del mercado a las afueras, entre otras razones, tenderían a crearse nuevos arrabales extramuros en las áreas cercanas a las puertas principales, independientes unos de otros.

De esta forma se estructuró en el Oeste El Arrabal (dividido en Grande o Viejo y Chico o Nuevo); en el Este, el barrio de San Mateo, entre los caminos reales de Castilla y Badajoz, creado alrededor de la ermita de San Mateo, después iglesia parroquial (es de planta única y rectangular, con capillas en los laterales, coro elevado a los pies y excelente campanario de cuatro pisos con habitaciones en cada de ellos), y en el Norte, el de San Albín (ermita situada junto al camino de San Vicente, convertida más tarde en cementerio de la Villa, una vez construida la iglesia de San Mateo, en cuya cabecera se hallaba el camposanto para enterrar a los vecinos de la Villa Adentro), sin olvidar los pequeños barrios que, como polos de atracción urbana, surgieron alrededor de los conventos de Ntra Sra de la Encarnación (exclaustrada) y de San Francisco (de éste último sólo queda la iglesia construida en 1620, con planta única y capillas laterales, y un excelente claustro), y de las ermitas de San José, Ntra Sra del Rosario, San Albín y San Andrés, ésta última junto a la desaparecida ermita de El Salvador, situada entre la cabecera de la iglesia de San Francisco y la calle El Calvario, destinada en el siglo XV para recomendar el alma de los condenados a muerte.

El resto del tejido urbano se ha ido completando, poco a poco, al hilo de estas calles y de los caminos reales de Castilla y Badajoz, amén de otros que conducen a los pueblos cercanos, al tiempo que se iban entrelazando unos barrios con otros hasta conformar el tejido urbano que hoy conocemos.
Su entramado no ha sufrido modificación alguna prácticamente hasta el último tercio del siglo XX, sobre todo a partir de 1979, en cuyo tiempo, coincidiendo con el incremento del poder adquisitivo de la población, se ha venido observando una mejora en las casas, así como nuevas construcciones de viviendas, rompiendo de esta forma con el estancamiento histórico que hasta entonces existía. Ello ha dado lugar a un aumento considerable de su estructura urbana con la aparición incluso de nuevos polígonos residenciales, principalmente en las zonas Este y Oeste, sin contar callejas que en la actualidad se están incorporando progresivamente al callejero.
____________________
PORTADA: Foto de Edward Cooper, prestigioso historiador y castellólogo, uno de los apoyos más destacados que tuvo ADEPA para salvar el castillo.
Hits: 50


Sé el primero en comentar