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Cómo hablamos

Aureliano Sáinz

Señoras y señores, buenas noches.

Partamos de la hipótesis de que todos somos, permítaseme la metáfora, mierdas. Les habla un mierda y se dirige a señoras y señores mierdas. Y aceptada la hipótesis, aunque solo sea la inicial, prosigamos nuestro discurso. Somos mierda que representamos nuestro papel: mierda-ingeniero, mierda-médico, mierda-albañil, mierda-juez -sea de orden público, sea de los demás-, mierda-basurero, etc.

Porque una tentación que nos asalta es la de considerarnos, vanidosamente, unas veces más mierda que todos los demás; otras, las más, más humilde mierda que el resto de los humanos que componen nuestro entorno. Pero todo esto no es más que una ilusión que, como saben, remite insistentemente a nuestro radical narcisismo.

Conviene dejar sentado que, si la hipótesis ofrecida es válida para nuestra disquisición inicial, es decir, si denominamos mierda, hez, escíbalo, a todo el que ha dejado de ser, en la mayor parte de las horas que componen sus días, un ser humano, para transformarse en actor que vive su papel como única y transcendente posibilidad fáctica de ser, entonces mierda, o hez, o escíbalo es desde el presidente del gobierno hasta el último pocero.

Pero el que unos tengan que contactar directamente con la cosa-mierda y otros, la mayoría, adquieran tan solo una indirecta relación con la misma, no por ello, digámoslo así, su mierdosidad es menor…

Carlos Castilla del Pino

Me imagino que más de uno de quienes me han empezado a leer se habrá quedado estupefacto por los párrafos anteriores.

Espero, sin embargo, que pronto se tranquilicen, dado que así comienza la primera novela, Discurso de Onofre, que escribió el psiquiatra y miembro de la Real Academia Española de la Lengua Carlos Castilla del Pino.

Entonces, algunos se preguntarán: ¿Cómo es que un miembro de la prestigiosa RAE utiliza lo que ellos mismos llaman un “lenguaje escatológico”, es decir, que aludan a los excrementos tal como lo hacen los niños de cuatro años cuando, en medio de sus risas, hablan de culo, cada y pis? ¿Acaso no tienen otra forma más “fina” o adecuada para comenzar esa novela?

Bueno, vamos a ver. Se trata de una novela corta escrita en primera persona, que comienza con ese “Señoras y señores, buenas noches” y cuyo argumento viene referido a la despedida que un desconocido médico de un rincón de Andalucía deja escrita en unos papeles antes de quitarse la vida.

Se entiende, pues, que un individuo muy desesperado, tanto como para suicidarse, deje unos textos cargados de rabia contra todo y todos, de manera que acuda a un lenguaje soez para hacer culpable a los demás de la decisión que ha tomado.

De todas formas, y a fin de cuenta, se trata de una novela, que se lee en privado. No fue precisamente el lenguaje de Castilla del Pino, persona muy educada que se expresaba con toda corrección en sus relaciones con los demás o cuando intervenía públicamente.

Entonces, ¿a cuento de qué traigo yo este tema en estas fechas en las que estamos embarcados en unas elecciones que van a definir el futuro de Alburquerque, al tiempo que desde Azagala el Colectivo Tres Castillos nos promete que va a anticipar una encuesta on-line que puede ser motivo de polémica?

La respuesta es bastante sencilla. Me llama la atención que haya gente que ante las controversias que se generan entre las candidaturas o las opiniones que se viertan en este diario utilicen la expresión “meter mierda”, que como he indicado responde al lenguaje escatológico de los niños pequeños (el mismo que han utilizado el citado psiquiatra o el Premio Nobel José Saramago en su genial novela Ensayo sobre la ceguera).

No sé si quienes la utilizan no tienen otra forma mejor de explicar lo que a ellos no les gusta, o no se dan cuenta de que cuando hablamos (o escribimos) hemos de tener en consideración en qué espacio o foro lo hacemos. No es lo mismo lo que decimos en casa (que podemos soltar lo que se nos ocurra), que cuando estamos con un grupo de amigos en una terraza o cuando escribimos en un diario digital, que lo pueden estar leyendo en cualquier parte del mundo, pues ahora lo escrito en Azagala digital, por ejemplo, se lee tanto en Alburquerque, como en Getafe, en Manresa o en Chicago (lugares que, por cierto, residen alburquerqueños).

Bueno, no me extiendo más. Solamente deseo apuntar que quienes editan Azagala, quienes escriben asiduamente en la revista (impresa y digital) y la gran mayoría de los que vierten sus opiniones se expresan con bastante corrección sin tener que acudir a expresiones que, al menos, “huelen mal”.

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