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Por la senda de don Álvaro de Luna. El castillo de Torija

Aureliano Sáinz

A través de este recorrido que vamos llevando por la vida del condestable del rey Juan II de Castilla y de las fortalezas que están relacionadas con su vida, en esta ocasión vamos a hacer una parada en Torija, un pequeño pueblo a 20 kilómetros al norte de Guadalajara.

Dos son las razones de que prestemos atención a su castillo. Por un lado, Atienza y Torija fueron dos poblaciones de esta provincia que se sublevaron contra el rey tras la batalla de Olmedo de mayo de 1445, contienda que causó el fallecimiento del Infante de Aragón don Enrique, enemigo acérrimo de don Álvaro de Luna. (La sublevación de Atienza y Torija está descrita en el capítulo 11 del libro Vida y muerte de don Álvaro de Luna.)

También nos interesa saber las funciones a las que ahora se destina este castillo, que en su mayor parte acabó derribado para evitar que fuera usado por las fuerzas francesas en la Guerra de la Independencia, aunque, posteriormente, fue reconstruido, por lo que en la actualidad presenta una buena imagen.

Pero antes quisiera realizar un breve comentario de su estructura para que nos vayamos familiarizando con los términos de los elementos que forman parte de la arquitectura de los castillos y fortalezas.

Previamente, conviene apuntar que se ha especulado el que en sus orígenes fuera un castillo templario; aunque esto no ha quedado confirmado, dado que el actual tiene su origen del siglo XV, época en la que reinó, en la primera mitad de ese siglo, Juan II apoyado por su condestable Álvaro de Luna.

Como podemos observar por el plano de planta, tiene una forma totalmente cuadrada, con elevadas torres cilíndricas en tres de sus ángulos, de modo que en el cuarto se encuentra la torre del homenaje, que presenta la particularidad de no estar dentro de la fortaleza, caso del castillo de Alburquerque, sino en una esquina que es tangente a ella.

Con el paso del tiempo, es habitual que en la actualidad los interiores de muchos de los antiguos castillos se encuentren vacíos. De todos modos, se puede apreciar que el de Torija tuvo tres pisos, al igual que, exteriormente, poseyó una barrera como primer muro defensivo, cuyos restos todavía se ven en el lado oeste.

Tal como he indicado, durante la Guerra de la Independencia fue volado, en 1811, por Juan Martín Díez, militar conocido como El Empecinado. Su legendaria figura, como jefe de guerrillas que se opusieron a las tropas napoleónicas, se encuentra descrita por Benito Pérez Galdós en la novela que llevaba su propio nombre, al tiempo que retratado por Francisco de Goya en el lienzo titulado los Episodios Nacionales.

La voladura del castillo dio lugar a que se convirtiera en una especie de ruina romántica, pero este ‘romanticismo’ no era considerado como tal por quienes visitaban esta pequeña villa. Finalmente, fue rescatado de su abandono a principios del siglo XX, devolviéndosele su original aspecto militar medieval. Con todo, hay que apuntar que quienes lo visitan aprecian la diferencia de la parte restaurada de la original.

También, siguiendo la estela del Castillo de Luna, el castillo de Torija fue declarado Monumento Nacional en 1931.

Para que los castillos y fortalezas encuentren su sentido en la época en la que nos encontramos, es necesario darles funciones que sean compatibles con su fisionomía histórica, sin pretender graves alteraciones, tal como tiempo atrás se buscaron para el de Alburquerque con aquella absurda hospedería, que, por suerte, queda ya en el recuerdo de los desastres fallidos.

Así, el Ayuntamiento de Torija, respaldado por la Diputación provincial de Guadalajara, ha dedicado la torre del homenaje a un museo del libro Viaje a la Alcarria de Camilo José Cela, al tiempo que en el patio de armas se ha ubicado el Centro de Interpretación Turística de la provincia de Guadalajara. Y con cierta similitud a lo que acontecía tiempo atrás en el patio de armas del Castillo de Luna, en Torija se celebran representaciones de Las Noches Templarias, como evocación de la Orden del Temple que, supuestamente, fue el origen de la fortaleza. Todo ello supone una revitalización de un castillo medieval que le da vida a la villa con una importante carga de historia.

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