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EL GRAN DOCTOR ALBURQUERQUEÑO PACO BUENO SERÁ EL PREGONERO DE LUJO DE LAS FIESTAS

ENTREVISTA DE AZAGALA EN 2019

El nuevo gobierno presenta en su primer año a un pregonero de lujo, Paco Bueno Llarena, en quien han buscado apoyo y refugio cientos de alburquerqueños, dada su buena disposición siempre y su profesionalidad intachable. Gentes sin esperanzas, enfermos que deseaban una segunda opinión o un consejo, personas que confían en este galeno por encima de cualquier otro… Todos han recurrido a él y han encontrado, en la mayoría de los casos, soluciones, alivios y curaciones. Con él charlábamos en la siguiente entrevista que publicamos en el número 109 de AZAGALA.

-¿Cuáles son tus recuerdos más nítidos de su infancia?

Recuerdo a mis amigos: José Luis Gutiérrez Méndez, Marcelo Vivas, Francisco Ventura, Bernardo López, Serafín Sáez… Esa fue mi primera pandilla, pero luego el destino nos condujo a sitios diferentes.

  Habitualmente paseábamos a diario por las Laderas y hacíamos travesuras por las murallas y la sierra de Santa Lucía. Nos gustaba jugar a los bolindres en la calleja de al lado de la Alameda, donde pasábamos las tardes enteras. Practicábamos juegos que nos permitía nuestra economía porque teníamos poco dinero y pisábamos los bares en contadas ocasiones y, cuando ya tuvimos una edad para tomarnos una caña, ésta nos duraba toda la noche.

-¿Cómo llega a estudiar Medicina?

Yo tenía solo 13 años cuando me marché interno a Cáceres a un buen colegio menor que mi padre eligió para mí. Estudié en el instituto “El Brocense” que fue vital para mi formación y mi afán por el estudio de las ciencias.  Cuando terminé el Bachillerato y COU tenía que elegir qué iba a hacer y me decidí por Ingeniería Agrónoma. Estaba ya matriculado en Madrid. Tenía 17 años y realmente no sabía lo que quería. Entonces, de buenas a primeras, a falta de 4 días para irme a Madrid, le dije a mis padres que quería estudiar Medicina. Mis padres se sorprendieron porque siempre fui muy miedoso y la sangre me producía rechazo. No obstante, me comprendieron y me presenté a la selectividad de Medicina, para la que faltaban también solo 4 días.

-Sabemos que fue un estudiante ejemplar y terminó la carrera con solo 22 años.

 Bueno, la verdad, la última asignatura teórica la aprobé con 22 años, en marzo de 1980, como consecuencia de adelanto de convocatoria. El título lo obtuve con 23 recién cumplidos. Medicina me gustó desde el primer momento y asumí como reto terminar la carrera cuando antes.

  Luego tuve la suerte de empezar a trabajar muy rápido. Así, fui alumno interno desde 3º de carrera en el antiguo Hospital Provincial de Badajoz y, a partir de ahí, en 1980 terminé la carrera y me quedé como médico becario y mi primer contrato fue en junio de 1981.

Trabajé siempre en ese hospital, donde hice también la especialidad de Medicina Interna, hasta que se cerró. Cada vez que paso por allí pienso que habría sido un gran hospital para enfermos crónicos, algo muy necesario en Extremadura. Siento nostalgia porque fueron mis inicios.

-Sabemos que hay mucha gente que recurre al doctor Bueno Llarena para consejos médicos, diagnósticos, tratamientos… Que confían mucho en usted.

La verdad es que me siento querido, no solo por los pacientes alburquerqueños, sino por todos los pacenses y de Extremadura en general. Quizás el éxito de mi trabajo diario es sonreír a la persona que tengo en la cama. Ya tienen bastante sufrimiento los enfermos como para que vayas con mala cara. Siempre intento dejar mis problemas puertas afuera del hospital. Y es cierto que intento ayudar a todo el que puedo, en todos los órdenes de la vida. 

-La visión que tenemos de Paco Bueno en Alburquerque es que dedica más tiempo del que le corresponde a la medicina, más de lo normal… Procura formarse mucho, estudiar, acudir a congresos…

La Medicina es mi vida. Estoy deseando que suene el despertador para levantarme e ir al hospital. Este es mi segunda casa y allí me encuentro como pez en el agua, protegido y querido por todos mis compañeros. Mi profesión me ofrece bienestar y satisfacción. De forma directa o indirecta estudio a diario.

-Algún caso que recuerde especialmente.

Ese caso de un paciente que contactó con vosotros y escribió una carta sobre mí fue muy importante en mi carrera y agradezco sus palabras.  En 2018 tuve 7 casos de una enfermedad muy grave, como la que él padeció, una infección por clostridium difficile, que me marcó profesionalmente, porque era gente joven, alguna persona falleció, pero los que salieron adelante me produjeron una gran satisfacción al ver que mi deber se cumplió. Este paciente llegó a ser trasplantado de masa fecal, algo que era impensable en otro momento y fue el primer caso en Extremadura de este trasplante.

  Ha habido gente de Alburquerque que me ha quitado el sueño, sobre todo jóvenes con enfermedad tumoral. Me produce una satisfacción impresionante verlos por las calles del pueblo libres de enfermedad y son bastantes los casos en los cuales he podido colaborar y aportar mi granito de arena para que salieran adelante.

-Y también algún caso que le haya cargado de frustración por no conseguir el objetivo deseado.

(Aquí el doctor Bueno guarda silencio y se emociona visiblemente antes de contestar)

La frustración más grande la tuve con mi esposa Coro porque no pude sacarla adelante y tuve esperanzas hasta el último momento. Eso marcó mi vida. No puedo olvidarlo…

 Fue todo para mí. Gran profesional, buena madre y mejor esposa. Hoy yo y sólo yo juego con los recuerdos. Me costó aceptarlo…

-Aunque sabemos que no para, cite algunos de sus proyectos actuales.

A corto plazo tengo el congreso europeo de Cardiología en Paris. Luego voy a dar una conferencia sobre un tema en el que llevo trabajando mucho tiempo, ayudado por mi padre (don Francisco fue veterinario y falleció joven), de unión de la medicina animal con la humana. Se trata de una organización, ONE HEALTH (Una Salud), que se puso en marcha en el año 2000 en el mundo y he pertenecido a la misma; en mi hospital la pusimos en marcha en 2015 con un gran éxito. Médicos, veterinarios y farmacéuticos nos reunimos periódicamente en sesiones clínicas, dando lugar a diversas ponencias en congresos nacionales e internacionales en los que he participado, y actualmente, de la mano del Colegio de Veterinarios, se me ha elegido para impartir una conferencia en octubre.

  Otro proyecto en el que llevo trabajando tiempo y con proyección futura es el estudio de la sensibilidad al gluten no celiaca y su relación, especialmente con las enfermedades reumáticas, pero también con otras patologías. Tengo pacientes de Alburquerque, y de la región en general, que están evolucionando de manera espectacular con la retirada del gluten de la dieta y seguimiento continuo.

  Además, cada día que sale surgen más proyectos. Mi vida laboral ha tocado ya techo y no necesito un curriculum mayor que el que tengo, pero sí intento ayudar a mis residentes para ampliar sus conocimientos y hacerles ver que estudiar una determinada enfermedad es muy importante en nuestra vida profesional.

-Siempre se ha hablado de que en Alburquerque hay muchos casos de cáncer.

No hay estudios epidemiológicos que relacionen la enfermedad tumoral y la zona esta de Alburquerque, pero sí es verdad que yo tengo muchos pacientes y, dentro de esta enfermedad, hay un grupo que son los linfomas, que en este pueblo están en un número desproporcionadamente alto en comparación con otras zonas. También la enfermedad tiroidea es muy frecuente en Alburquerque.

  La mayor parte de las personas que han tenido linfomas están ya libres de este tipo de cáncer y muchos de ellos son jóvenes.

-Dedica gran parte de su vida a la medicina, pero qué hace en tu tiempo de ocio.

No soy una persona de salón; me gusta la calle, el deporte y practico mucho el ciclismo, de hecho, no me canso de hacer kilómetros. Esta afición por el deporte me llegó tarde, a partir de los veintitantos años, porque durante mi época de estudiante incluso evitaba la asignatura de gimnasia. De hecho, siempre he incitado a mis hijos a que lo practiquen y son los tres muy deportistas.

  Además, me gusta mucho charlar con amigos, especialmente de temas médicos, pero también tengo otros grupos ajenos a este mundo con los que charlo de otros temas.

Una de mis aficiones favoritas es el arte, sobre todo la arquitectura románica o el estilo gótico avanzado. En mis viajes siempre busco un hueco para visitar monumentos de estos estilos. Además ya sabéis que la Edad Media es mi predilecta.

-¿Cómo ve el Alburquerque de hoy?

Veo que existe un nivel cultural alto, con un número considerable de universitarios, y a la gente joven con inquietudes por hacer algo. Por otro lado, el consumo de alcohol es elevado, pero eso ocurre en todas partes. El botellón nos ha llevado a ello. En general, pienso que es una juventud muy sana.

-Al vivir fuera, tal vez no note que existe tensión y división en el pueblo.

Sigo la problemática que existe, aunque no esté aquí a diario, y me informo a través de esta revista y de otras. Me preocupa que haya una situación política, una conflictividad, que no debiera existir, porque en Alburquerque se vive muy bien… Hay gente muy buena y bien formada y, si todos lucháramos por evitar el conflicto, Alburquerque iría mucho mejor. Siempre he luchado porque la confrontación política no entre dentro de nuestras vidas, aunque también te digo que estuve a punto de entrar en política en Badajoz, en 2011, pero mis hijos y mi mujer se negaron. Y hoy, mi novia Raquel, también es reacia a ese hecho. 

  Los ofrecimientos, por supuesto, fueron para un cargo relacionado con la medicina.  No lo descarto en un futuro.

-Sé que le emociona mucho hablar de una mujer a la que quiso mucho, su esposa Coro, a la que perdió y fue aquel el momento más duro de su vida y le hizo caer en un pozo profundo, pero no llegó a coger una baja laboral.

Efectivamente, a los 12 días de perderla me incorporé al trabajo porque era la mejor forma de perpetuar su vivencia y de luchar contra la profunda depresión en la que caí. Fui ayudado por mucha gente: compañeros, amigos y, sobre todo, mi madre y mis hijos. Ahora acepto lo ocurrido sin comprenderlo. Seguro está haciendo mucho bien allá donde esté.

-La vida siguió. Han pasado casi 8 años…

Mi vida se centró en estudiar, trabajar, hacer deporte hasta casi la extenuación –llegaba a casa de madrugada- y me refugié también en cocinar, algo que me relajaba. Yo pensaba que mis hijos no se daban cuenta, pero lo hicieron perfectamente; vieron que cuando llegaba de hacer deporte y ellos estaban en la cama, yo entraba en la cocina… Hasta que un día me cogieron los tres y me dijeron que estaba muy bien hacer deporte, preparar comidas, pero que tenía que organizar mi vida, con gente que estuviera en las mismas circunstancias o parecidas. En aquel momento habían pasado dos años y medio de la muerte de mi mujer y era muy difícil plantearme esa situación. Pero, mi afán por los idiomas, me llevó a entrar en la Escuela Oficial de Idiomas, y allí me encontré con mi actual pareja, con Raquel, y fue lo mejor que pudo haberme ocurrido. Esta mujer me ha devuelto la sonrisa y la ilusión por la vida y me ha ayudado muchísimo en mi profesión, porque me ayuda día a día a superarme más.

  Ella es licenciada en derecho y no solo me ha apoyado en mi vida personal y laboral, sino también en el trabajo de lucha por mis hijos. Es una chica entregada a mí y a conseguir lo mejor para ellos. Probablemente esa sea la razón por la que mis hijos, desde el primer momento, apoyaron mi nuevo proyecto de vida.

  Al respecto de la ayuda de mis hijos y de la que me presta Raquel, es cierto que cuando ocurrió la desgraciada situación familiar de octubre de 2011, me hundí y me daba miedo que el proyecto que había creado con aquella impresionante mujer, madre de mis hijos, se viniera abajo, y entonces, en un acto religioso que tuvo lugar en la capilla del hospital, con motivo del primer aniversario de su fallecimiento, me dirigí a todo el mundo, e hice a mis hijos esta reflexión pública que leí al final del acto: “Gracias a vosotros, Fran, Coro y Juan María, el más grande legado que pudo dejarme mamá. Iniciamos juntos la tarea de educaros en valores y un día de octubre quedó truncada. La acepto en solitario, con ilusión y soy el único responsable de llevarla a cabo. Mamá puso el listón muy alto; su soporte ha caído, pero mis fuerzas evitarán que caiga el proyecto. Vosotros, que habéis yugulado mi ansiedad, velado mis escasas horas de sueño, y controlado mis obligaciones familiares y profesionales, dais sentido a mi soledad. No os defraudaré”.

  Pienso que habría que preguntarles a ellos si esto, que les dije en ese momento, se ha cumplido.

Redacción: Francis Negrete

Edición y montaje: J. M. Leal

Impactos: 133

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