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Restauraciones en Extremadura: el castillo de Portezuelo

Aureliano Sáinz

Es posible que cuando estas líneas salgan publicadas en Azagala, una parte de los lectores conozcan la noticia o hayan escuchado por los medios de comunicación de Extremadura alguna información acerca de los proyectos de restauración del castillo Portezuelo (Cáceres) y de la ermita de Nuestra Señora del Ara, situada en Fuente del Arco (Badajoz). Ambos bienes patrimoniales van a ser rehabilitados con fondos de Next Generation de la Unión Europea, a través del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, con una inversión total de 3.056.828 euros.

Dado el interés que pueden tener para nosotros los proyectos de restauración de las fortalezas medievales, me centraré en explicar la del castillo de Marionda de Portezuelo de origen almohade. No por ello deja de tener interés la de la ermita de la Virgen del Ara, declarada Bien de Interés Cultural en 2018, puesto que se abordará la reparación de las hermosas pinturas murales de las bóvedas del interior, así como la cubierta, la fachada y el camarín de la Virgen, por las humedades que nacen de grietas del tejado.

Ambos proyectos de restauración comenzarán en el 2023, con la finalidad, tal como manifestó la consejera de Cultura, Turismo y Deportes de la Junta de Extremadura, de poner en valor el patrimonio arquitectónico y cultural de ambas localidades.

La cantidad aprobada para el castillo de Portezuelo se acerca a los dos millones (en concreto, 1.923.756 euros), de forma que se restaurarán y consolidarán los lienzos, la torre, la puerta de entrada, al tiempo que se mejorará el camino de acceso, creándose recorridos para la visita del público.

Para quienes no conozcan el castillo de Portezuelo, muestro dos fotografías que nos hacen ver el enorme deterioro que presenta esta fortaleza almohade, cuyos orígenes se remontan al siglo XII. Y como no me quiero extender en su descripción arquitectónica, brevemente, me remitiré a datos históricos que aparecen en el tercero de los volúmenes de Castillos de España, extensa obra que fue coordinada por el historiador británico Edward Cooper.

“La fortaleza fue conquistada en el siglo XII por Fernando II, quien la cedió a la orden del Temple. Posteriormente, recuperada por los almohades a finales de ese siglo, quienes debieron modificar el recinto interior.

De nuevo, Alfonso IX la ocupa en 1213 y la cede a la orden de San Julián del Pereiro, luego Alcántara, que la convierte en el centro de una encomienda. La orden construyó las dos torres y el recinto del exterior, cuya puerta mudéjar debe ser más tardía, tal vez del siglo XV” (Castillos de España, vol. III, pág. 1610).

Creo que todos los que amamos y defendemos el patrimonio extremeño debe alegrarnos de esta noticia. No obstante, es un elemento que debe sacarnos definitivamente del pesimismo en el que hemos estado sumidos en los últimos lustros, tras la lucha denodada en contra de aquella absurda hospedería y de su patrocinador. Ahora, debemos volcarnos en la recuperación del Castillo de Luna, pues si una pequeña localidad de 225 habitantes, a medio camino entre Cáceres y Coria, logra esa cantidad para la restauración de un castillo en grave deterioro, no podemos resignarnos a no volver a ver en su mejor esplendor a una de las fortalezas medievales más relevantes de Extremadura.

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