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A todos los compatriotas perdidos en la cruel contienda

ANTONIO L. RUBIO BERNAL

Sería Charles de Gaulle, 1970, estadista francés, quien dijese que “todas las guerras son malas, porque simbolizan el fracaso de la política; pero las guerras civiles, en las que en ambas trincheras hay hermanos, son imperdonables, porque la paz no nace cuando la guerra termina”; de hecho, al final de la desgraciadamente vivida en nuestro país, Guerra Civil de 1936, no llegaría la Paz para “todos”, sino la Victoria para “un solo bando”, victoria que culminó con una larga Dictadura, sobrando sufrimientos y desconsuelos inenarrables, atroces devastaciones y pérdidas, daños morales profundos e irreparables por más que el tiempo transcurriese, y heridas que, desdichadamente, tardaron muchísimo tiempo en cicatrizar o jamás lo hicieron.

Hoy, 2 de noviembre, festividad de los Fieles Difuntos, quisiera rendir por primera vez en esta página mi pequeño homenaje personal de reconocimiento y respeto a todos aquellos que, arrastrados por las circunstancias históricas, se vieron obligados a vivir (o participar) en dicha Guerra, ingente suceso dramático al que se vio abocado nuestro país. Entender de manera plena, sin prejuicios y alejado de todo partidismo, este suceso, la guerra en sí, es, para mí, la mejor y única manera de poder superar entre todos este enorme error histórico que supuso nuestro mayor fracaso colectivo como nación a lo largo de nuestra historia.

Me cuesta concebir que aún hoy existan personas en nuestro país que traten, por todos los medios, de apartar sus mentes del conflicto armado que en su día tuvo lugar, como si no fuese de nuestra incumbencia, tratando de ignorar que en el mismo se derramó sangre tan próxima como la del hermano, el amigo, el vecino, el simple conocido, hombre o mujer, joven o mayor, culpable o inocente, enfrentados en un frente de batalla que asoló familias, pueblos, ciudades e incluso regiones, en el marco de una guerra feroz que posibilitó que se cometiesen tanto las mayores atrocidades, homicidios y asesinatos como los más memorables actos heroicos de la población española. A todos ellos, sin exclusión, las palabras de Joaquín León, dirigente socialista, 1973, “para bien o para mal, entre todos ellos escribieron la historia, y nadie tiene derecho a pretender borrar un solo nombre de esas páginas que ya están escritas para siempre”. La Historia no necesita interpretación, y menos manipulación con lecturas sesgadas; sí, que se la conozca.

Por ser tanto lo que os debemos, ETERNO DESCANSO EN PAZ para todos vosotros.

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