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REFLEXIÓN DOMINICAL: Deo gratias

(A mi bienhechor, que a bien tiene que yo haga acto de presencia hoy. Nunca es tarde si la dicha es buena).

ANTONIO L. RUBIO BERNAL

Servidora, Rosa María da Conversao do Espírito Santo, para el común de los vecinos, Rosita la Portuguesa, del linaje de los Abreu, antes que los demonios de mí se apoderen, les ofrezco mi personal versión de las desidias y desatenciones de este gobierno local que, con vocación de perseverar en el tiempo, nos ha tocado; y lo hago contando como armas con mi picardía, invenciones, sutilezas y engaños, fruto de mi cuantioso ocio. Cual Quevedo en su Buscón, que al oficio de barbero definía como “tundidor de mejillas” y “sastre de barbas”, me atribuyo la potestad de ensalzar el oficio de político acá como “desentendido de lo básico” y “apologista de lo efímero”, por ser buen ejemplo de inoperancia y espejo de ineficacia. Claro que bien podrán comentar que servidora para callar tiene, pues según fumo es para creer, de ahí que decisión tomada tengo que el día que lo olvide a chupar cigarro alguno ni por dinero he de volver.

Se preguntarán, ¿qué hará ésta un viernes al anochecer? Heme aquí, desparramada en mi sofá, con la copa de vino entre mis manos –esto o cava, no otra cosa hay en la nevera; además, cenaré sola, ¡qué pena!-, gozando del grupo QUEEN, con mi Freddie al frente, y agradeciendo ser admitida entre vosotros esta mañana de domingo. Os ofrezco todo aquello que a mi mente venga en lo tocante a la villa, lo cual debiera ser motivo de sonrojo para algunos, y de carcajeos para otros. “La Proterva” –¡Deus te benedicat!-, socorra nuestros espíritus y nos libre de este hermoso y florido paraíso del (des)gobierno, fruto de nuestra singular utopía alburquerqueña, próximo ya a su apocalipsis final –pues no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista-, contra el que cada día se alzan más voces pidiendo ¡DIMISIÓN!, grito quizá apoyado en lo dicho por Quevedo de que “sólo quien manda con amor es servido con fidelidad”; y conste que no vengo a gruñir a casa ajena, pues algo de derecho me ampara para hacerlo en ésta, más el legítimo deber que ostento, por imperativo de conciencia, ante los sinsabores de este ejecutivo que a quien nada es, éxitos le atribuye. ¿Le convendrá semejante proceder al proyecto político personal de la alcaldesa?

Prefiriendo lo rústico a lo urbano; la tierra comunal y su explotación, qué. Ni porque la superficie sea extensa ni porque arrastre historia, me afligen sus pastos, sus bellotas, su leña y su siembra, cuya rentabilidad, aunque se presuma, ni vemos ni olemos. Ver para creer. En el polo opuesto, con el famoso turismo topamos; e insisto, y qué. Por muy rica que la villa fuese (castillo, recinto, puertas, barrio, iglesias, santuario –de Guadarranque, mejor ni acordarme. ¡Qué canallada!, abandonarlo a su suerte-), quizás se salvasen la CPOP o el MEDI. Créanme, jugamos otra liga, la muy ilustre y distinguida de la inoperancia y el endeudamiento –comparecencias judiciales al margen-. La primera constatable sólo con deambular por calles y plazas, no cortadas al tráfico por obras sino cedidas a su ocaso –sello de la casa-; a igual en contenedores que en agua corriente –últimamente también han adquirido marchamo-; incluso, cual vitola, pastizales en medianeras en espera de que algún día regrese la añorada trashumancia. Ningún motivo hay para colocar farolillos, globos o serpentinas entre balcones o farolas de esta adorable villa. Respecto al segundo, el endeudamiento, indaguen, inquieran o escudriñen, que igual nos da con la Seguridad Social que con la mismísima Hacienda, bancos que proveedores -la de los trabajadores, ¡válgame Dios!, es harina de otro costal-. Pero me irrita horrores comenzar algo para no terminarlo, prurito personal que arrastro desde mi adolescencia tardía. ¿Me sigue? ¡Qué vamos a hacer, alguna frustración tendría una que arrastrar de por vida! Pero me consuelan mucho aquellas palabras de Benedetti, “El amor es uno de los elementos emblemáticos de la vida. Breve o extendido, espontáneo o minuciosamente construido, es de cualquier manera un apogeo de las relaciones humanas”. Con licencia, yo lo prefiero breve y espontáneo, ¿y usted? A lo que íbamos, lo que se comienza debe terminarse, si no para qué abordarlo. Pues bien, semejante teoría vuela por los aires visitando laderas, cine, albergue…, todo en estado de coito interruptus. Pero aún quedan joyas –de siempre fue así, a desgracia emprendida, seguimiento de más; pareciese como si las unas llamasen a las otras-. Veamos, ¡Eh, funcionari@!, formalice expediente, preséntelo. Resuelvan, por favor. ¡Hurra!, ¡otorgado!, pero otra vez agua fría del botijo de Salvatierra. Nos comunican que sí pero de facto es que no. Vamos, que se la quedan. ¿A qué me refiero? Aquí no llegan. ¿Qué serán? Las subvenciones. Quien debiera apoquinar, se erige en acreedor, y a palpar que “una sola piedra puede desmoronar un edificio” (Quevedo). Demoledor. ¡Nos endiñan cada bofetada que hay que joderse! El peo que in illo tempore anunciase Ramiro cada día lo barrunto más próximo por total abandono de todo lo nuestro, de lo propio, y sin rastro de los administradores de tal desgracia; eso sí, democráticamente elegidos; luego, por propia lógica, alguno más también debería erigirse responsable, ¿no? Podríamos decir, sin miedo a confundirnos: se lucieron, si no fuese porque todos sufrimos tan desatinado proceder. ¿Qué cabrá esperar, pues? Los amantes del algebra bien sabemos que las quiebras pudieran ser técnicas, parciales…, la nuestra es total, completa, global, digna de las peores manos en estos infames momentos, sin gota de liquidez. Tiesos de cash flow, técnicamente hablando. De ahí la pregunta del millón: ¿se irán de rosita? Si es que sí, buena burra hemos comprado, menuda lección. En buena lógica alguien debería responder de tanta pifia. No cabe patente de corso para los garantes de tal desaguisado. Aunque pudiera ser que se viesen arropados desde arriba, aceptar me niego que sin pena ni gloria marchasen por recibir perdón de los ofendidos. Rendida por el cansancio que provoca nuestro erre que erre, no quisiera que las trabas nos obligasen a abandonar esta particular singladura en la que Ramiro, Rubio y yo misma en nómina figuramos como fijo discontinuo hasta diciembre; lo cual no quita lanzar ya una seria advertencia a navegantes: ajústense los cinturones, abróchense los machos, poner orden en volumen tal de nefasta gestión, no será tarea fácil. Y si no, al tiempo. Continuará, cuando oportunidad me otorgue.

¡QUÉ AGUSTITO HE QUEDADO!, DEO GRATIAS

Ni creer puedo que mal semejante, locución mereciese:”¡Nueva normalidad!” ¿Quién osó decir que esto tocaba a su fin? ¡Y un hu…o! Usted no me haga caso, déjese llevar por lo que digan o haga lo que viere. Salga, consuma, disfrute… ¿La terminación? Vaya usted a saber, porque ni Dios lo sabe. Feliz domingo les desea con mucho amor –eso que nunca falte-, Rosita la Portuguesa.

P.D.- No podía olvidar al muchacho de Píriz que tan buen tino tiene, que donde pone el ojo también el tiro. A por el título Europeo, ¡tú puedes! Ni por supuesto a M. Victoria García Copetudo, quien se ha incorporado recientemente al mundo de la Judicatura tras superar una dura oposición. Un orgullo para todos nosotros y muchas palmas para ellos.

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