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Reflexión sobre el caso de sarna en una residencia municipal

ANTONIO L. RUBIO BERNAL

Créanme, Alburquerque está en franca decadencia, de mal en peor; ya ni los servicios sociales, que tanto se enarbolaron como bandera de la gestión municipal, van cumpliendo su deber. Que nos veamos obligados a leer noticias de tal calado –alarmante, terrorífico y temible- es para sentirse inquieto y preocupado. Y no es un bulo, existe un certificado médico que da fe (“…que ha presentado sarna, que se ha tratado a él y al resto de convivientes del centro en el que está institucionalido”, dice textualmente).

No quiero ni pensar en que haya habido más casos y se hayan podido ocultar. Quiero pensar que no, que éste fuese el primero, pero la falta de transparencia e información reinante en el pueblo, hace que se disparen todas las alarmas. Y desde luego, sería de una irresponsabilidad tal que conllevaría hasta intervención de la Justicia.

Como ciudadano reivindico claridad total en el asunto; demando una intervención pública ante los medios de los responsables municipales contando con pelos y señales lo ocurrido; exijo una intervención de los responsables de la sanidad pública para evaluar hasta qué grado esto puede tener repercusiones sanitarias; requiero la intervención de la Fiscalía por si se hubiese cometido delito contra la salud pública; y al frente de todo ello, la Consejería correspondiente de la Junta de Extremadura como máxima garante de la salud de todos los extremeños.

¿La postura de la Alcaldesa, según relata la denunciante? Una más de las muchas a las que nos tiene acostumbrados. A ella, la denunciante –enhorabuena por tu valentía-, a toda su familia y a todos los usuarios del centro mi cariño, apoyo y comprensión.

 

 

 

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