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¿SE PUEDE? HASTA EL CORRAL (Octava entrega)

By RAMIRO

Querido nieto.  ¿A qué carajo viene ese cuadernillo tan bien interfoliado y en carpeta que has puesto en mi mesilla de noche bajo el título en cursiva de “Ecos del egregio  Ramiro en las redes sociales locales”, con cariño, de tu nieto, donde elaboras un análisis por todo lo alto de las opiniones vertidas en ellas sobre mis escritos? No será necesario recordarte que en esto me metiste tú, sólo tú me alentaste – ¡vamos, abuelo, por porfa!, decías -, bajo la garantía del anonimato, encargándote tú de las entregas, y a espalda de tus padres. Y para los que apuntan que si esto que si lo otro indicarles que el que lo pretenda, y sea valiente, aun bajo pseudónimo, que entregue o escriba al “vástago castrista” su aportación y la verá publicada en la página, es gratis. De todos modos, a mí no es obligatorio leerme. En un mundo medianamente tolerante lo que se expresa o se escribe con corrección y educación ni hiere ni ofende. Pero eso sí, no olvidéis, ni tú ni los leedores, que mi pretensión es plasmar las reflexiones de un campesino urbanita que lo único que hace es ver la televisión o escuchar la emisora, ambas locales, porque incluso ni me atrevo a hablar con la gente de los temas aquí tratados; de ahí que a veces no tengan ni orden ni concierto cuando de recordar se trata, trasponiendo remembranzas del sosegado pasado de la cachuela a la lumbre del campo con evocaciones del presente donde sobran los estridentes sonidos del cuantioso chin pun de las calles y plazas de Puerto de Albahacar, todo ello salpicado de coplas y letras que se me vienen, sin razón alguna, a la cabeza. Por ejemplo, a tu abuela, q.e.p.d., ¡Sevilla tuvo que ser, son su lunita plateada, testigo de nuestro amor, bajo la noche callada. Y nos quisimos tú y yo con un amor sin pecado, pero el destino ha querido que vivamos separados!, Grande como su nombre, Antonio Molina de Oses Castillo Hidalgo. ¿La temática tratada? Siempre como perro puesto a todo aquello que provenga de “la casa de los truenos” – es como debería llamarse este ayuntamiento -, que incluso ni en el día del destape del despilfarro habrá remordimiento de conciencia común por todo el mal causado; es más, se hablará de los muertos que vienen con ganas de revancha porque no soportan que sean ellos quienes una y otra vez ganen las elecciones. Pero se acerca el día de la apocalipsis local, del peo municipal con voladura aérea,  de la bancarrota por falta de recursos, cuando ya no valga aquello de “esto lo pongo aquí y aquello allí” porque no habrá ni esto ni aquello para cuadrar las cuentas de la vieja. Y más de uno canturreará aquello de ¡Mete tus errores en un vaso y no nos vuelvas a mentir. Dale un trago largo, aprende algo, que de todo se puede salir. Deberías ser valiente y responder, aunque seguro que ya nadie te cree!  De uno de tus grupos favoritos, Supersubmarina, con José “Chino” al frente. Jo, ya me aprendo hasta las letras. El baile no, eso tú solito moviendo tus largos pelos de un lado para otro como si fuese un mosquero. Me vengo arriba, lo siento; me pegas juventud, no puedo remediarlo. Y en tal estado, sólo cavilo sobre la magnum opus de mis días, titulada, como todos mis lectores conocen ya, “CRÓNICA SOBRE LA IRREFUTABLE IDIOSINCRASIA DEL PUERTOALBAQUEÑO. LEGADO PARA FUTURAS DESCENDENCIAS”, y en ella – tú como amanuense para reflejar mi oratoria, único medio, ni televisión que se interese ni patrocinador que se brinde -, estaré obligado a acopiar cavilaciones como “aquí siempre la crítica estuvo reñida con chupar de la teta o jamar del pesebre” o esta otra “y si de algo estamos bien sobrados en Puerto de Albahacar es de la intransigencia política avivada por nuestros gerifaltes”. ¿Te gusta el tono? Mucha aseveración, eso emplearé, pero con énfasis y léxico llano, quiero erigirme en biógrafo tanto de ancestros como de coetáneos. O aquel otro embebecimiento a modo de premonición: “hubo un momento en que sus mandamases pareciesen estar poseídos por un final maléfico”, o “tanto fue que llegó un instante en que pareciese que se hubiese instalado la enfermedad de la ineptitud pública”. Sin sorna, sincérate, ¿te deleita? Incluso tendrá cabida lo que tanto ansías conocer: cómo fue que nos enamorásemos tu abuela y yo. Y comenzará así, con tono propio de G. G. Márquez: “Por llevar llevaba varios días lloviendo a mares, tanto que los puertoalbahaqueños no pensaban salir a celebrarlo, y justo el mediodía del Día del Pascua, que otrora se llamase Día de Bollo, en honor al rico dulce local que consumían, en que salían al campo a merendar, escampó. Los más osados cogimos sustentos y nos fuimos a la Cruz de San Blas. Allí, sin recordar ni el cómo ni el porqué, coincidimos y compartimos los enseres de nuestras cestas. Fue en esos momentos cuando sentí lo que vulgarmente se conoce por “la llamada del amor”, que para mí fue un vocerío que duró hasta la Feria de Mayo en la que todo un universo de palabrería, vermuts y bailes con la Orquesta Isa se nos mostró ante los ojos. Los más osados, y chismosos,  aprovecharon y dieron su opinión sobre la conveniencia o no de aquella nueva pareja surgida. Ocho años, toda una eternidad, transcurrieron sin tocar ni pelo ni piel hasta darnos el “sí quiero” en la Iglesia de San Francisco con Don Hipólito oficiando y su sobrino Juan auxiliando el sacramento. Y mientras tanto uno con mucho disgusto cantó ¡Blanca y radiante va la novia, le sigue atrás un novio amante y que al unir sus corazones harán morir mis ilusiones!…” Y tras una extensión de no más de trescientas páginas en rústico y cosido, cumpliendo con los más altos estándares de calidad, y marcapáginas incluido de regalo, y aun siendo breve en cuestiones municipales para no irme a las seiscientas – no por falta de tema, sino por costes de impresión – la terminaré de este modo: “Nunca el destino pudo disponer de nada mejor, mis remembranzas”. Perdón, olvide revelarte la dedicatoria: ¡A mi único nieto, in praesentia, y a mi padre, in absentia; este por proporcionarme la vida, aquel por alentarme a vivirla!

 

 

 

 

 

 

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