EUGENIO LÓPEZ CANO
Por lo común las sociedades rurales como Alburquerque cuya economía se ha basado en la agricultura y ganadería, son ricas en costumbres populares tanto en lo que respecta a sus fiestas religiosas (Ntra Sra del Carmen, Ntra de la Soledad, etc.) como las profanas (Carnavales, Feria de Ganado, etc.), las religiosas/profanas (La Cruz de Mayo, Santa Mónica, etc.) o mezcla de ambas (Nochebuena, Virgen de Carrión, etc.), que de todo hay en la viña del Señor.

Podemos decir, sin ánimo de equivocarnos, que el alburquerqueño, a juzgar por las fiestas que jalonan el año, y aquellas otras de las que ha disfrutado en otras épocas, ha sido, y sigue siendo, una persona amante de las celebraciones y los festejos; es más, podemos incluso asegurar que a lo largo de la vida, al menos en lo que conozco, personalmente y por referencia, los vecinos de esta Villa siempre anduvimos rodeados de juegos, canciones y bailes en sus formas más diversas, confundiendo a menudo, eso sí con la mayor naturalidad del mundo, lo religioso con lo festivo y la fe con la superstición, sin ningún planteamientos conflictivos, ni personal ni colectivo.

Por su importancia, a pesar de que para algunos su exposición a simple vista pudiera resultarle tediosa, enumeraremos aquellos actos festivos que me vienen a la memoria, siguiendo en parte el “Calendario alburquerqueño” que acertadamente se publicó en el librito La vida en Alburquerque, editado con motivo de la entrada al siglo XX, un documento por otro parte interesantísimo donde se nos muestran costumbres y actos festivos que abarcan desde finales del siglo XIX hasta el XX.

Transcribiendo aquellos, y recordando otros, observamos que prácticamente no hay un mes sin que haya en mayor o menor medida, como comprobaremos, un motivo para celebrar algún que otro entretenimiento más o menos festivo: el carnaval o antruejo, con sus murgas, estudiantinas y ruedas, que se extendía a lo largo de los días festivos, desde Reyes hasta el martes de carnaval, destacando entre ellos las Candelas, el Jueves de Compadre, el Día del Chorizo a celebrar el Miércoles de Ceniza, y el Domingo de Piñata; enero y febrero se caracterizan por las matanzas, la caza de la perdiz y la tradicional y festiva talla de los quintos; a marzo se le conocía como el mes de los derrabaderos, fiestas particulares que se hacían en las grandes casas con motivo de la venta de los borregos del año, a los que previamente se les cortaba el rabo para guisarlos y comerlos; por San José se inauguraban las pesquerías; el 7 de abril se celebraba el Día de la Zarza, en honor a Ntra Sra de la Zarza, a cuya ermita, sita en La Zarza, se iba de romería, muy celebrada por los vecinos de esta localidad, a comer el Bollo de la Zarza -dicha fiesta se trasladaría después al tercer día de Pascua- hasta que en 1643 fue destruida por los portugueses; la Semana Santa, con sus procesiones populares, que culminaba con la mañana del Sábado de Gloria o Sábado de la Aleluya, con los chiquillos recorriendo las calles y plazas con campanillos, cencerros y matracas, invadiendo los templos al cantarse el Gloria, al tiempo que los hombres lo celebraban dando tiros al aire, costumbre ésta que, por peligrosa, acabó por prohibirse; en dicho día se cumplen los regalos del Cordero Pascual; el tercer día de Pascua, se celebra el Día del Bollo, saliendo las familias y los amigos al campo para comerse el clásico Bollo de Pascua, juntamente con otras viandas, que algunos aprovechaban para acompañarse con anís y coñac en abundancia.

Mayo es el mes de las comuniones, donde lo familiar y social suelen primar sobre lo religioso; el día 1 de mayo se exponen en las calles los mayos o adefesios, que se colocaban en balcones, rejas y puertas, vestidos de hombre o mujer; el 3 de mayo se celebra el Día de la Cruz, fiesta que consistía en improvisar un altar en el zaguán o habitación contigua, rematado con una cruz, adornada de flores y bisuterías, siendo visitadas por el pueblo a lo largo de la noche; en la jornada siguiente se celebraba el Día de Santa Mónica en gratitud por haberse evitado una desgracia mayor a causa de la voladura del polvorín del castillo en 1760, motivo por el que se sacaba en procesión a las Santas Reliquias -dicha fiesta pasaría al día 6, conocido por Día de la Ascensión– para bendecir los campos, en un principio desde el atrio de la iglesia de Santa María del Mercado y después desde el Pico del Diamante, junto a la puerta del castillo; pasada esta fecha se recogen por los campos las hierbas medicinales; los días 21, 22 y 23 de mayo se celebran las Ferias de Ganado; es el mes de la caza de la hembra de la perdiz; el Día del Corpus era una de las fiestas más celebradas, de ahí que se dijera que “hay tres días en el año que relucen más que el sol: el Jueves Santos, el Corpus Christi y el Día de la Ascensión“, una procesión muy popular de la que hablaremos más extensamente en páginas posteriores.

El 13 de junio se festejaba el Día de San Antonio, con procesión y verbena, conocida por Velada de San Antonio, de la que igualmente hablaremos más adelante; el día 15 de junio era sacado San Isidro en procesión por los labradores y propietarios de fincas; el 23 de junio se celebraban las Hogueras de San Juan, diversión que consistía en hacer fogatas con trastos viejos en las proximidades de las casas donde viviesen personas con el nombre de Juan, en la creencia de que dicha luna “mataba a un moro y a una mora“; el día de San Pedro o Día de las Mudanzas, es conocido popularmente por El Santo del Movimiento ya que en ese día se cumplían los contratos de inquilinos de casas; el 16 de julio se celebra la Fiesta de Ntra Sra del Carmen, con novena y procesión; uno de los días más festivos era el 25 de julio, Día de Santiago; agosto es el mes de las terciarias o calenturas; el día 15, desde 1978, viene festejándose el Día del Emigrante.

Septiembre es el mes de la vendimia; los días 7, 8, 9 y 10 de septiembre se celebra la Feria y Fiesta de Carrión, patrona de Alburquerque, destacándose, entre otros actos, el petitorio, la romería, las fiestas populares, etc.; el día 21 se celebra el Día de San Mateo, copatrono de la Villa, fiesta que en otros tiempos se celebraba incluso con feria, adornándose el campanario a la hora del triduo con velas y farolas, costumbre popular que desde hace unos años se ha recuperado para bien de los vecinos; en San Miguel caducan los arrendamientos de todo, menos de las viviendas; el Día de San Miguel, fecha en la que se hacían los tratos y caducaban los “arrendamientos de criados, predios, etc., de todo menos de casas“, se tenía por costumbre celebrarse con feria, diversión a la que se tuvo que renunciar para no hacerle sombra a la fiesta de Carrión; el día 1 de noviembre es el Día de los Santos, nombre que se da a la taleguilla provista de castañas, higos, nueces, granadas, etc., con la que cada familiar y grupo de amigos salen al campo de gira, diversión de la que también hablaremos después; a lo largo de este mes se ingiere el aguapié, bebida que resulta de lavar los recipientes después de pisar la uva; varios días después el Ayuntamiento da publicidad al Pregón de la Bellota, bando que recuerda el derecho que tienen los vecinos a recoger el fruto de las encinas que ocupan los Baldíos, y que en el apartado “Peculiaridades” damos extensa cuenta de ello; en noviembre comienzan las monterías de reses y las primeras matanzas de cerdos, que se prolongarán a lo largo de los meses posteriores si es que el tiempo ayuda, lo que nos viene a recordar aquellos platos típicos como la chanfaina, la cachuela, las papas dulces, etc.; en diciembre finaliza el calendario festivo con las navidades, destacándose en esas fechas el día 24, Nochebuena, con la pedida del aguinaldo y la misa del gallo, y el 25, el Día del Niño.

Tomando como base lo dicho, comprobamos que la mayor parte de los actos festivos se han desvanecido en el aire (Los Derrabaderos, El Día de Santa Mónica, El Sábado de la Aleluya, etc.), otros perviven a duras penas (Los Zamparipayos, El Día de la Cruz, El Día del Corpus, etc.) y los demás, a Dios gracia, siguen aferrados a la tradición popular, algunos, la verdad, a trancas y barrancas (San Mateo, El Día del Bollo, La Fiesta de Carrión, etc.).
Si a muchos de ellos se las ha relegado al rincón del olvido, otros sin embargo han venido últimamente a enriquecer el calendario festivo, como el Día del Emigrante, la Fiesta Medieval, Contempopránea, La Pasión Viviente, etc., así como diversos actos deportivos de gran calado popular.

Hablar de todos ellos nos llevaría a ocupar una parte muy importante del libro. No obstante, a fin de ahondar en la idiosincrasia del alburquerqueño, basándonos en este caso en sus actos festivos, incidiremos en aquellos que fueron más populares, tomando como dije al principio en la introducción, siempre que pueda permitírmelo, el texto íntegro del trabajo de aquellos autores que fueron testigos de una época, y por ello conocedores de primera mano de cuanto nos cuentan.
Se dejan de consignar otros, como Navidades, Carnavales, Virgen de Carrión, etc., puesto que tales temas conllevan canciones, y éstas, juntamente con la historia de costumbre de cada una de ellas, pertenecen al siguiente volumen con el título “Juegos y Canciones en la Villa de Alburquerque“.
Sin extendernos más, comenzaremos en este caso a describir los siguientes actos festivos, con mayor o menor extensión según su importancia, en base a tres apartados: Ferias, Festejos y otros divertimientos.
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