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Dos castillos

Aureliano Sáinz

El 18 de septiembre de 2018 la revista Azagala en su edición digital publicaba un artículo titulado “El castillo de Azagala está en la ‘Lista Roja’ del patrimonio español”. El texto, que puede consultarse, daba la alarma en la que se encontraba esta fortaleza, por lo que no voy a reiterarme en lo que allí se decía.

La fotografía de portada era la misma que ahora muestro, es decir, la del tiempo en que el castillo se encontraba en buen estado y era visitable, como podemos comprobar por los dos coches que se ven aparcados a la entrada. Por entonces, la parte residencial no se había caído y el deterioro no era tan alarmante.

Años más tarde, cuando lo visité acompañado por los que iniciábamos la revista (y que pudimos entrar gracias a que alguien nos ayudó a hacerlo, ya que estaba cerrado a cal y canto) su situación era absolutamente lamentable, lo que nos hacía pensar que si no se tomaban medidas urgentes no tardaríamos verlo en un estado de ruina irreparable.

Pues bien, ya sabemos que un particular lo compró para restaurarlo y con el fin de que pueda servir de hospedaje, junto con lo que se construiría en la finca de Barrazuelo.

Y puesto que es casi inevitable que haya algunos que realicen comparaciones con lo acontecido con el castillo de Alburquerque, me parece oportuno exponer, de la manera más breve posible, los aspectos que diferencian a ambas fortalezas y sus actuaciones en ellas.

Castillo de Luna

Con esta denominación llamamos al castillo de Alburquerque, dado que perteneció a don Álvaro de Luna por la entrega que le hizo el rey Juan II de Castilla. Es, pues, una fortaleza cargada de una larga historia, tal como he expuesto en Vida y muerte de don Álvaro de Luna.

Tiene el rango de Bien de Interés Cultural con la declaración de Monumento Nacional en 1932, hace casi un siglo.

Es una fortaleza de carácter público, siendo propiedad de la Junta de Extremadura.

Su fisionomía es inseparable de Alburquerque, dado que su construcción se llevó a cabo para defender a la villa.

Su estado de conservación, aunque con necesidades de refuerzos y restauraciones, era alto, por lo que, dentro de los más de 10.000 castillos que hay en nuestro país, se encontraba entre los mejores. Esto daba lugar a que tuviera un buen funcionamiento: visitas, albergue juvenil, talleres de música, obras de teatro, Festival Medieval, etc.

Como podemos recordar, sin que hubiera información pública ni consultas a especialistas, en 2007, nos enteramos de que ya estaba aprobado un proyecto de ejecución que, personalmente, pude conocer con todo detalle visitando el Ayuntamiento y la Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura.

Dado que era propiedad de la propia Junta de Extremadura, ese proyecto, tras ser presentado a la Comisión de Patrimonio, la propia Junta le dio el visto bueno sin que fuera aprobado por el Colegio de Arquitectos de Extremadura. Esto implicaba que no fue supervisado por un organismo técnico profesional independiente, para que cumpliera todas las Normas de Protección del Patrimonio. En román paladino esto se llama “yo me lo guiso y yo me lo como”, como suele acontecer en algunos ámbitos políticos.

La ‘famosa’ hospedería quedó, finalmente, en aguas de borrajas, tras la lucha que se llevó a cabo en contra de su construcción en el Castillo de Luna. Esto lo explico en la parte del libro que titulé La lucha por conservarlo.

Castillo de Azagala

El de Azagala, como bien sabemos, está en medio del campo a unos 15 kilómetros de Alburquerque. Es también un castillo roquero, es decir, que se eleva sobre un cerro rocoso, con magníficas vistas y en un entorno privilegiado.

Se construyó entre los siglos XIII y XIV, con una intención de vigilancia de un territorio; no de protección de una villa, como acontece a muchas de las fortalezas medievales. De posesión señorial, pasó a manos de la orden religiosa de Alcántara en el siglo XV. En la época de Felipe V, el monarca lo vendió al marqués de Portago, pasando entonces a manos privadas.

Creo que, en principio, no tiene sentido hacer comparaciones históricas; no obstante, los acontecimientos de la villa de Alburquerque y su fortaleza están muy por encima de los hechos acontecidos en Azagala.

Por otro lado, ya sabemos que en la actualidad el camino hacia el estado ruinoso era el destino de esta fortaleza, dado que sus antiguos propietarios no atendían a la obligación de conservarlo y mantenerlo. Ha sido el cambio de propietario lo que ha propiciado que pueda ser restaurado con nuevas funciones de hospedaje.

Y como es una propiedad privada, debe tener el respaldo previo de la Comisión de Patrimonio (aunque su dictamen no es vinculante) y el proyecto ser aprobado por el Colegio de Arquitectos de Extremadura, lo que es una garantía y una enorme diferencia con el de la hospedería que se pretendió construir en el castillo de Alburquerque.

Para cerrar, por ahora, quisiera indicar que no pude estar en la presentación que se llevó a cabo en la Casa de la Cultura el lunes día 27. No obstante, por la documentación enviada por un amigo y los datos de Azagala digital, entiendo que lo que se ha llevado a cabo es el proyecto básico, en el que aparecen los aspectos esenciales de la obra. Faltaría, pues, el proyecto de ejecución en el que aparecen todos los detalles constructivos y técnicos antes de comenzar las obras.

Personalmente, tengo previsto acudir a Alburquerque el 21 de abril, ya que me sumaré a la visita que el Colectivo Cultural Tres Castillos tiene programada a Lisboa para el día siguiente. En esas fechas, intentaré ver el proyecto para hacerme una idea más detallada de esa obra. Hay tiempo, pues, para ir conociendo con más detalle este ambicioso proyecto que, a buen seguro, revitalizará Alburquerque.

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