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Lavando la cara al enfermo

“No está bien echar en cara favores, ni pedir pleitesía o fe ciega. Un favor ni se vende ni debe, sólo se hace. No puede servir para “esclavizar” a quien lo necesita. Ya estamos muy hundidos pero puede ser aún peor”…

MANIFIESTO GRUPO TRABAJADORES MUNICIPALES

Todos cometemos errores. Nadie es perfecto y si alguien lo piensa, tiene un serio problema. Cada uno debe decidir si asumir esos errores y pedir disculpas por sus errores, que sería lo más justo y sano, o por el contrario, en un acto de cobardía, puede echar la culpa a los demás y no asumir su responsabilidad. Grave comportamiento y errónea elección que marcará de por vida, sin duda alguna. Pensar que uno es perfecto, que es mejor que los demás, que su palabra es ley, no es más que una muestra de debilidad, de inseguridad y un miedo terrible a la realidad, a la vida tal y como es y nos toca vivir a cada uno de nosotros.

Por mucho que se quiera disfrazar, una realidad paralela no deja de ser una gran mentira. No se puede entender a quienes, usando su facilidad para el embaucamiento, su desvergüenza total para usar la manipulación y el victimismo o el uso y abuso de poder, se aprovechan para saciar un enorme ego, que no es sólo daño para quien lo alimenta, correligionarios sin voluntad propia, si no que destruye poco a poco a ese YO posiblemente enfermo.

Vivimos en un pueblo pequeño, todos nos conocemos, todos de una u otra forma, nos hemos ayudado alguna que otra vez sin pedir nada a cambio. La ayuda ha ido en ambas direcciones sin esperar “pagos ni tributos” en la mayoría de los casos. No está bien echar en cara favores, ni pedir pleitesía o fe ciega. Un favor ni se vende ni debe, sólo se hace. No puede servir para “esclavizar” a quien lo necesita. Ya estamos muy hundidos pero puede ser aún peor. Creemos que ya llegó el momento de que quien no haya abierto los ojos lo haga, es tiempo de hacerle frente a la realidad que estamos viviendo. La de verdad, no la de cuentos chinos, la de un montón de millones de euros de deudas, la de sueños truncados, la de despidos sin explicación alguna, la de enfrentamientos entre vecinos, una realidad con atropellos laborales por exigir derechos y libertad para Alburquerque, una realidad de destrozos en nuestro patrimonio turístico, cultural y deportivo, una realidad de calles tercermundistas y servicios bajo mínimos…

Arreglando los jardines, pintando pasos de peatones y “organizando” un pseudo carnaval se puede intentar lavar la cara al “enfermo” pero es algo demasiado superficial. Quien piense que con eso llegará la recuperación de Alburquerque tiene un serio problema. Alburquerque está herido de gravedad, está en la UCI y no saldrá de allí ni con tiritas, ni con paños calientes, y mucho menos con curanderos, charlatanes o falsos profetas. Ellos nos metieron ahí. Esta situación es la consecuencia de una forma de gobernar autoritaria y de gestionar fatal nuestros recursos.

Para salir de esta hay que ser valientes, decididos y unidos. Hace falta un proyecto real y viable. No necesitamos ni salvapatrias ni agoreros que vengan a enfrentarnos unos a otros, porque así dan aire a quienes, impasibles y sin ninguna vergüenza, siguen DESGOBERNANDO y haciendo daño. Se necesita un buen equipo de médicos, enfermeros y anestesistas para diagnosticar y curar. De albañiles, fontaneros, carpinteros, empresarios, autónomos y vecinos libres, para que con mucho trabajo, empatía, solidaridad, humildad y un buen baño de realidad, quieran tirar del carro y, poniendo los pies en el suelo, dejando de lado intereses personales, miedos o conformismo, estén dispuestos a arrimar el hombro sin mirar la procedencia ideológica de quien honestamente quiera UNIR.

Nos sobran aquellos que quieran sacar algún tipo de rédito político con nuestra dolorosa situación. DIMISIÓN. Si de verdad alguna vez quisieron a Alburquerque, es lo mejor que pueden hacer