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Murillo, dispuesta a morir matando y con las botas puestas

 

Casi todo el mundo habrá visto u oído ya el último pleno que ha sido emitido íntegro en otros medios y, por cierto, con impecable profesionalidad en la RCA, donde fueron introduciendo los temas y haciendo cortes para incidir en lo importante y no hacer demasiado pesada la escucha seguida de la sesión. Al contrario, vemos cómo en algún caso falta “garra” a la hora de titular una noticia, algo fundamental en esta profesión.

Es verdad que la alcaldesa, pese a estar pasando por una situación muy estresante , le está echando coraje y no sabemos si es porque ha aprendido eso de que “la mejor defensa es un buen ataque”, porque ha perdido el contacto con la realidad, porque se ha hecho fuerte a base de palos, o incluso porque ese que la tiene tan “ciega” es capaz de hacer que ella se “tire de cabeza a un pozo”. Tal y como hicimos hace unos meses al analizar la personalidad de Vadillo, lo mismo haremos con Murillo en la edición impresa de marzo. El caso es que se ha convertido en esos personajes de las películas que son tan malos que los aborrecemos y estamos deseando que desaparezcan de nuestra vista. En eso se ha convertido la “Mari”, aquella muchacha sencilla que llegó a Alburquerque hace ya 20 años.

En el pleno no se arrugó, sino que actuó con soberbia y prepotencia y le recordó hasta en 11 veces a Gutiérrez que allí mandaba ella. La sesión la pretende manejar a su antojo, las preguntas que se presentaron hace dos meses las contestó ahora, pero sin leerlas, luego el público no se enteró en la mayoría de los casos a qué  estaba respondiendo, y la presentadas para esta sesión dijo, por su cara bonita, que solo respondería a algunas, a 7 en concreto, pero en realidad no lo hizo con ninguna sino que se limitó, como ya publicamos ayer, a decir que las preguntas son “una estrategia política organizada en estos días y es triste porque no se lo merece el ayuntamiento y va en contra del pueblo de Alburquerque”. Y eso que la mayoría de las cuestiones tenían que ver con la situación de los trabajadores y del ayuntamiento en general. Pero esto a esta mujer “desalmada” le da exactamente lo mismo. A ella solo le importa Ángel, Ángel y Ángel, incluso más que el dinero, de hecho, dudamos incluso del destino de ese sueldazo…

Murillo se defendió atacando, aunque son tantos los agujeros que Gutiérrez la vapuleó con simples comentarios, uno de ellos buenísimo: “señora alcaldesa, déjeme intervenir entre mentira y mentira suya”. O cuando dijo que “Ipal va en contra del pueblo y su campaña no la merece este ayuntamiento, y Gutiérrez replicó: “el pueblo lo tiene todo perdido por ustedes y el ayuntamiento no se merece a esta alcaldesa”.

Marisa Murillo atacó sin piedad a la policía local en dos ocasiones, a quienes acusó de “pensar en intereses personales y no en el pueblo”. No sabemos si se refería a que pidieran poder compatibilizar su vida familiar y laboral, que lo hizo imposible Vadillo, o que exigieran su sueldo como trabajador. ¿O es que cuando ella se pone un sueldazo más lo que seguirá cobrando de la diputación, lo hace por el bien de Alburquerque?

Además dijo otras cosas que hacían pensar que el ayuntamiento está sobrado de dinero, como cuando presentaron la campaña electoral… Pero eso lo contaremos con ironía.

Lo cierto es que Murillo se ha puesto las botas (en todos los sentidos) y está dispuesta a morir con ellas puestas…

Tras el pleno, el rifirrafe: Cipriano Robles, que dio la cara al contrario que la alcaldesa que salió huyendo, se enfrentó dialécticamente a Gutiérrez y Raquel del Pozo e hizo lo que pudo, porque es imposible defender lo indefendible. Gutiérrez le dijo que “vergüenza os tenía que dar con la que tenéis liada y teníais que venir con la cabeza gacha y ella viene con prepotencia”, y Raquel: “nosotros estamos aquí por el bien del pueblo y vosotros no”, y “el pleno es para dialogar e ir todos a lo mismo por el bien del pueblo”. Mientras, Cipriano Robles respondía que “aquí estamos todos por lo mismo, unos de una manera y otros de otra”, frase con muchas interpretaciones. Que el lector elija.

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