Press "Enter" to skip to content

Aquellos días de cine (1)

AURELIANO SÁINZ

Iniciamos una nueva serie en Azagala digital que viene a ampliar a las ya consolidadas de El Debate y Grandes Discos y sus Portadas. En este caso se trata de abordar el denominado séptimo arte, es decir, las películas que han formado parte de nuestra vida, en aquellos años en los que ir a una sala de cine se convertía en un auténtico rito que esperábamos impacientes. Y es que traspasar al portero que nos cortaba un trozo de la entrada suponía penetrar en un lugar que nos conducía a un mundo maravilloso una vez que se apagaban las luces.

Ya sé que en la actualidad vemos las películas en la pequeña pantalla y que ahora no tenemos que hacer cola ni esperar el día del estreno; pero no podemos olvidar aquellos tiempos en los que acudíamos a las salas de cine para disfrutar de un espectáculo colectivo. De este modo, creo que sería bueno echar una mirada retrospectiva y recordar películas que han quedado de un modo u otro guardadas en nuestra memoria.

En esta serie iremos viendo exclusivamente películas españolas del siglo XX que se basaron en obras de escritores (novela, teatro, poesía, comedia, etc.) y que fueron trasladadas al celuloide. Puesto que, como profesor de educación artística considero que la imagen tiene mucha importancia, incorporaré los carteles, comentándolos en algunas ocasiones.

Presentaré seis películas, sin guiarme necesariamente por la calidad de las obras originales, puesto que también considero que la denominada literatura popular tiene cabida en estas selecciones que llevaré a cabo. Aparecerán, pues, grandes nombres como Miguel de Unamuno, Miguel Delibes, Antonio Machado, Arturo Pérez-Reverte, Antonio Muñoz Molina, etc., junto a otros autores de menor renombre, pero que, al pasar sus obras al cine, alcanzaron suficiente difusión para que puedan aparecer en la serie.

En los comentarios seré muy breve, dando los datos precisos para que recordemos títulos, fechas, autores, directores y principales protagonistas. Se trata, pues, de que entre todos hagamos memoria de aquellas películas que hemos visto y podamos comentarlas.

Los santos inocentes. Año: 1984. Director: Mario Camus. Intérpretes principales: Alfredo Landa, Francisco Rabal, Terele Pávez, Juan Diego, Agustín González, Ágata Lys, Mary Carrillo, Maribel Martín, Belén Ballesteros, José Guardiola y Manuel Zarzo.

Como no podía ser de otro modo, he comenzado por la inolvidable novela del escritor vallisoletano Miguel Delibes por la estrecha relación que la película tuvo con nuestro pueblo. Con respecto al cartel, apuntaría que en la década de los ochenta se abandonaban los carteles pintados para incorporar la fotografía como medio principal del diseño.

La tía Tula. Año: 1964. Director: Miguel Picazo. Intérpretes principales: Aurora Bautista, Carlos Estrada, Enriqueta Carballeira, José María Prada, Irene Gutiérrez Caba y Laly Soldevilla.

Esta obra de Miguel de Unamuno está construida sobre el relato de una mujer, la Tía Tula, que a la muerte de su hermana Rosa y de Manuela, la mujer de su cuñado Ramiro, se convierte en la madre de cinco niños cuando se casa con Ramiro. En la obra se aborda la dicotomía de la virginidad y la maternidad, a partir de las concepciones de una moral religiosa muy tradicional.

Marcelino pan y vino. Año: 1954. Director: Ladislao Vajda. Principales intérpretes: Pablito Calvo, Rafael Rivelles, Antonio Vico, Fernando Rey, Carlota Bilbao y José Prada.

Nos encontramos a mediados de los cincuenta, en un contexto en el que una religiosidad muy conservadores impregnaba a nuestra sociedad. No es de extrañar que este trabajo de José María Sánchez Silva, especialista en relatos para un público infantil, tuviera un enorme éxito a partir de la inocencia de un niño que habla con Jesús y quiere ayudarle. En el año 1991, el italiano Luigi Comencini realizó una nueva versión, aunque no alcanzó la popularidad que tuvo la de Ladislao Vajda.

Los extremeños se tocan. Año: 1970. Director: Alfonso Paso. Principales intérpretes: Antonio Garisa, Andrés Pajares, Rafaela Aparicio y Jaime de Mora y Aragón.

La comedia con el mismo nombre, de Pedro Muñoz Seca y Pedro Pérez Fernández, se estrenó el 17 de diciembre de 1926 en el Teatro de la Comedia de Madrid. La obra trata de un extremeño, Marcelino, que vive en Madrid, junto a su mujer y su hija. El compadre de Marcelino, Pancorbo, intenta convencer al millonario turco Ali Benemal que la fecha de su nacimiento es la misma que la de Marcelino, por lo que este es realidad su alter ego. Como siempre, la película es salvada por la interpretación de la genial Rafaela Aparicio.

La Lola se va a los puertos. Año: 1993. Directora: Josefina Molina. Principales intérpretes: Rocío Jurado, Francisco Rabal, José Sancho, Jesús Cisneros y Mary Begoña.

Basada en una obra teatral de los hermanos Manuel y Antonio Machado, tuvo dos versiones en el cine: la que realizó la directora cordobesa Josefina Molina y la anterior de Juan de Orduña de 1947. El argumento, dado que está tomado de una obra teatral, es bastante sencillo: Lola, una hermosa cantaora de flamenco, es deseada por todos los hombres que la rodean, incluido el hacendado don Diego y su hijo José Luis; pero Lola solo vive para el cante. En el cartel, aun basándose en la pintura, los rostros de los personajes se pueden identificar claramente con sus correspondientes protagonistas.

Jarrapellejos. Año: 1987. Autor: Antonio Giménez Rico. Principales autores: Antonio Ferrandis, Juan Diego, Ampara Larrañaga, Aitana Sánchez-Gijón, José Coronado, Florinda Chico, Abel Vitón y Lola Mateo.

Felipe Trigo, autor de la novela del mismo nombre, nació en 1864 en Villanueva de la Serena. A pesar de ser médico y militar, se le conoce como a uno de los grandes escritores extremeños. Por otro lado, el argumento de la obra se basa en don Pedro Luis Jarrapellejos, cacique de La Joya, que nombra alcaldes y hace y deshace en la vida de todos los del pueblo; solo se le resiste Isabel, una joven y bella mujer de vida humilde. Un día la joven y su madre aparecen asesinadas y violadas, dando paso a la tragedia que se deduce de estos dos crímenes.