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Cartas emponzoñadas (I)

ANTONIO L. RUBIO BERNAL

¡No había transcurrido tanto tiempo desde su última aparición en esta página!

 

 

                                                                                           Puerto de Albahacar, otoño 2020

En absoluto deseo robarte tiempo de tus quehaceres, pero me pregunto qué estará pasando en Puerto (aparte de lo que todos ya sabemos) que cada día os marcháis más gente joven (verás como en estas fechas navideñas la villa recobra algo de vida). Y me pregunto una y otra vez: cuál es el tope a tanta desfachatez; hasta cuándo este adefesio de (des)gobierno local; para cuándo la dimisión de esta nefasta alcaldesa. De las entrañas me sale dar la razón a quienes piensan que los dirigentes locales están obrando de espalda a los ciudadanos; lo que no sé yo, o no estoy tan seguro es de si estos dan o no motivos para que así actúen, porque a veces la falta de compromiso político, el miedo al qué dirán, la hipocresía de la gente… llevan a la práctica del caciquismo de quienes gobiernan. Y he aquí un ejemplo claro.

Jamás he estado por donde tú andas, pero sí recuerdo, aunque no el sitio, la vez que me llevaron en el taxi de Román a una curandera por la parte de La Codosera, en Portugal, por el lumbago. ¡Qué miedo! No sólo me conocía por mi nombre sino que poseía conocimientos misteriosos sobre lo que podía ocurrirme mañana, y todo era preguntarme yo que quién coño podría haber informado con tanto detalle a aquella mujer sobre mí.

Ahora sí que puedo llamarte, con razón, “la portuguesa”. Sentí los pálpitos del corazón junto al cuello cuando mi nieto, el artista este, me comunicó (bueno y, ante mi insistencia, me facilitó las señas) que te habías ido a Portugal, a una villa llamada Monsaraz, por motivos de no sé qué estudios, para mayor honra de Dios; tú, ambiciosa bachiller.  No sé qué pensarás sobre el lugar donde te encuentras; yo, del mío, que hasta hace bien poco fue el nuestro, siendo sincero, estoy en lugar equivocado en el momento más inoportuno, pues a algunos, entre los que me encuentro, les ha tocado ser sujetos de la revolución “intelectual” contra el despotismo, si no autocracia, que aquí se practica.

No me sirve que te muerdas los labios y reprimas tus emociones, como la noche de verano en la que hablábamos en el zaguán, cuando me enteré, porque tú me lo desvelaste, que tú y mi nieto os entendíais. Bien sabes que lo celebré, pues en alta consideración te tengo. Yo aquí me encuentro, con pluma en mano, tratando de defender lo que creo son valores de justicia y de verdad, desterrando la traición a nuestros legítimos intereses. En Puerto se ha engañado mucho, afortunadamente cada vez menos, con la palabra, ignorando la gente que “la palabra política” sólo vale lo que tú quieras creer o entender, pues su sentido político es muy distinto a su significado real. Y lo que ha ocurrido aquí no deja de ser curioso: se ha pasado de una etapa de certezas (lo que dijese él – el “ex” -, iba a misa) a otra de incertidumbre total no ya en el mañana sino en el hoy mismo; a lo que debió ser inicio de prosperidad le secundó total desventura, con absoluta bancarrota y cifras que dan miedo de desempleo o, aún peor, el sálvese quien pueda. De creerlo a pies juntillas (al “ex”), ahora todo lo suyo se cuestiona; nadie se fía ya de nadie, por la cantidad de pelotas que aquí hay; así que nadie alza la voz, muchos entonando el chiguana (“pan si acaso pa hoy, hambre segura pal mañana”), salvo honrosas excepciones (el tal Negrete, el fontanero Aparicio, tú, yo mismo…), mejor que lo hagan los que viven fuera (el Aureliano, el Juan Ángel, el Leal, el Tronera…), que pareciese que esto les importase algo más. Quisiera confiar en que el mañana arroje esperanza democrática, porque la desazón del hoy me espanta tanto como el mal olor de una ventosidad.

         Por mi parte, no sé si equivocado, aún sigo creyendo en lo que te dije aquella noche: siempre merecerá la pena volver a la senda que abandonó nuestro mentor (desconcertado y desazonado por las circunstancias y sin ganas de escribir de lo nuestro, porque de la República y la Guerra bien que lo va a hacer al mes que viene en La Proterva escrita); pensar y escribir sobre Puerto, y sus problemas (enormes y de difícil solución), pero lo que yo digo, leche, son problemas, y por tanto se podrán resolver de alguna manera para que entre todos vayamos pa’lante, aunque pareciera que ya se ha dicho todo.

Espero te conviertas en una bienaventurada, que diría mi difunta esposa. Ah, hija mía, cuídate mucho de la COVID. Si vinieses por estos días tan señalados, ya hablaríamos.

 

Trascurrieron sólo unos días….

Monsaraz, otoño 2020

¡Qué bien! Sr. Ramiro, fiquei muito feliz ao receber sua carta; cuando se está sola fuera, gusta tener contacto con quienes dejaste allá. De su nieto, obviamente, sé.

No se ande calentando la cabeza, ¡anda y que le den!, lo mismo tiene aquello que sus ciudadanos quisieron, quieren y pudiera que quisiesen en futuras elecciones. Triste, pero… No olvide que a los políticos los ponen los ciudadanos. Una de las razones por las que aventurarme, aparte del doctorado, fue por salir a que me diese el aire y renovar energías, harta ya de ver tanta sinrazón e hipocresía. E aquí estou eu, em Monsaraz, vivendo em uma pequena casa com um primo e estudando na Universidade de Evora. Este pueblo mira al Guadiana y está fortificado, con solo tres calles paralelas que conducen al castillo, donde se encuentra la Torre del Homenaje y el patio de armas se usa como plaza de toros. En su iglesia reposa Gomes Martins Silvestre, caballero templario benefactor de la villa. Le gustaría verla; a ver si algún día, cuando la Covid remita y venga su nieto, venís toda la familia. Se come muy bien; le gustará la “açorda à alentejana” o el “cozido à Portuguesa à moda do Alentejo”, en Casa Modesta, un lugar, como decimos aquí: “humilde e desdenhoso”. Aquí todo recuerda lo antiguo, la Edad Media, todo es pizarra, ni un solo edificio moderno ni ninguna aberración urbanística de esas que tanto gusta erigir allí. Desde Porta da Vila hay una panorámica única de la villa, limpia como una patena, no como la nuestra, que según me informan mis amigos, entre lo poquito que se recoge y lo puerca que es la gente, está hecha una pena. Además, hay dehesas del tipo de las nuestras. Algún día le daré detalles. Ya me gustaría a mí traer a gente de allí (a sus gobernantes no, por supuesto), para que viesen cómo se debe conservar una villa histórica; no como la nuestra que, ni contando con Adepa, Eugenio López y demás paisanos preocupados, su Patrimonio está hecho una pena, por no decir otra cosa; porque cuidao cómo está el castillo (me gustó mucho que nuestro mentor le llamase “el Fortín del Luna”, lo singulariza), que pronto se nos cae. Veremos si la enmienda presentada por Píriz en el Congreso surte efecto y hay partida presupuestaria para ello, pero sin pasar por las arcas municipales, porque si no, ¡tururú que te vi!, pudiese ocurrir como con nuestra CPOP. Aquí últimamente la cosa tampoco es igual, la Covid pegó muy fuerte en Reguengos y se ha notado en el turismo. ¡Mas ele vai voltar porque tem bom vinho e muito bons viandas!

No se preocupe por mí; me encuentro bien, como en casa. Como le expresé, vivo con mi prima, hija de mi tía Caterina, Filipa. Nós somos bons amigos. Y volviendo al pueblo sólo puedo decirle que ante la miopía de los puertoalbaqueños, como usted nos llama (y me encanta), no crea que me importaría que la cruel realidad cayese como jarro de agua fría sobre sus cuerpos; pues bien sabía yo, desde hace tiempo (¡coño, era una adolescente!), lo que nos esperaba. Créame, me sentía condenada a moverme en unas circunstancias políticas y sociales adversas, yo las calificaría de críticas, donde la palabra era, y es, mi principal arma.

Me gustaría explicarle lo que ocurre; pero antes debiera decirle que no tiene por qué preocuparse tanto, con su edad (¿73?), de lo que ahí acontece. Vaya asimilando que esta época pudiera pasar a la historia como “odeio o tempo” o periodo más absurdo en la historia de Alburquerque; lo demás devendría en espejismo efímero; y aunque desconozco qué pensará al respecto la mayoría (tampoco es que me importe mucho), el dato de que hay convecinos “aterrorizados” por las circunstancias es indiscutible. La vida política ahí se concibe como una batalla entre vadillistas y sus enemigos (usted y yo, por ejemplo), batalla que sólo cesará o bien con la derrota de los primeros (por la que apostamos) o con la rendición incondicional de los segundos. Ellos tienen el problema de que el culto al líder carismático, la apología de los servicios sociales, el enorme gusto por el boca a boca o puerta a puerta, y todas las demás señas identitaria que quieran de su “movimiento”, ya no dan fruto en los alburquerqueños de hoy; al menos así pienso yo. Los que vengan, debido a la quiebra económica indecente, con el pueblo totalmente arruinado y polarizado, tendrán que tirar de ingenio y sabiduría (no vendría mal alguna ayudita de fuera, pero con los suyos en el poder lo veo difícil), pues la democracia no nos está uniendo sino más bien dividiendo, lo cual dificultará nuestra salida del enorme socavón económico y social. Pero eso sí, no me falta fe en sus valiosos nativos, que tanto abundan y en tan diversos sectores (incluyo a la agrupación IPAL con M. Gutiérrez al frente y al PP de Píriz, que de manera eficaz, aunque lenta, están plantando cara), para que den el do de pecho y en su momento tiren del carro. La confianza es como la fe en el Todopoderoso; la seguridad, en cambio, descansa en hechos concretos.

Le voy a dejar, Evora queda a 54 kms y debo asistir a clases. Ya le contaré más, todo es “muito bonito”. Espero no sea la última vez que se anime a escribirme, seremos los únicos responsables de lo que aquí contemos, tratando de dar sentido, si lo tuviese, al presente y ofrecer expectativas para el futuro, si ello fuese posible, por medio de la escritura.

Besos, Rosa; para usted, “Rosita, la portuguesa”.

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Fotos: Alburquerque, desde donde escribe Ramiro, y Monsaraz (Portugal), desde donde lo hace “Rosita, la portuguesa”.