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La última canción de Baldomero Pardo

AZAGALA (ARTÍCULO PUBLICADO EN 2010 COMO HOMENAJE A BALDOMERO PARDO)

Nos ha dejado. Nos ha llenado de pesar y de lágrimas. Se marchó entonando su última canción. Dejó a sus familiares, a sus amigos, a sus aves… Pero nos ha legado un ejemplo de entrega a sus seres queridos, de humildad, de ayuda y colaboración por el bien del pueblo, sin pedir nada a cambio.

Baldomero Pardo Guerra nació en Alburquerque en 1930, en la plazuela de San Albín. Era el mayor de tres hermanos nacidos del matrimonio entre Reyes y Felipa, quien trabajaba en la fábrica de pan de los Sánchez-Moro, donde murió con 55 años al sufrir un infarto mientras cargaba un saco de harina.

Baldomero estudió unos años en la escuela de la Dehesa, pero pronto empezó a trabajar de panadero. Antes de marchar a la mili conoció a Juana Corchado y le declaró su amor una tarde, paseando por la Alameda. Tras 6 años de noviazgo se casaron en la iglesia de San Francisco, en 1956. Tuvieron tres hijos: Feli, Agustín y Miguel Ángel.

Además de su jornada laboral como panadero, daba horas extras cociendo dulces a la gente que los llevaba a la fábrica; amasaba los ricos bollos de Andrea y trabajaba en las bodas con Ciriaco Rubio. Y cuando éste último fue operado de una pierna y encamado varias veces, él y su hijo Agustín se hicieron cargo del bar Castillo.

La muerte de Agustín, catorce días antes de nacer Gema, su primera nieta, supuso un golpe terrible. Por sus mejillas no corrió ni una lágrima, pero ese dolor ahogado en su interior se manifestó mediante una angina de pecho.

Baldomero y el cante

Cantar fue una de las tres grandes aficiones de su vida, algo que hacía desde pequeñito. De hecho, en muchos banquetes de bodas le invitaban a tomar algo solo para que entonara algunas canciones de Antonio Molina, Juanito Maravilla, o algún otro. A la primera boda que fue con Juana Corchado fue a la de nuestro compañero Manolo Bozas y Trini, y fue él quien animó la fiesta.

Con su entonces novia se sentaba en un banco y se ponía a cantar; salían los vecinos a las puertas y se asomaban a los balcones para escucharle. Y en la mili, en Madrid, le sancionaron e iban a meterle en el calabozo, pero estaba allí un hijo de Pepita Zugasti y otro de Don Daniel y mediaron para que le perdonaran. Estos le llevaron a la cantina, donde le pidieron que cantara, y encandiló a los presentes. Cuando estaba a punto de licenciarse, se presentó a un concurso de Radio Madrid, presentado por el famoso Juan de Toro, y ganó. Le propusieron que se quedara para grabar canciones, pero su madre le dijo que “de artisteo nada”, que se viniera al pueblo.

En Alburquerque, cantó en un coro de Modesto Antona, con Tito, Juana Marmelo y su nieta Gema, el himno de Extremadura en las fiestas patronales y el inolvidable coro de la obra El águila blanca.

No quiso formar parte de las murgas de los carnavales porque decía que ya era mayor para eso, pero fue siempre el representante de “Los telitas”. Se ponía un sombrero y un bigote grande y se sentaba en primera fila, como cuando iba a ver actuar a su hija Feli o a sus nietos. En Navidad nunca faltaban los villancios en su casa, llena de voces impecables. Le encantaba hacer las segundas voces, incluso en canciones modernas, y, con el ajetreo de sus nietas pequeñas se aprendió todos los temas infantiles de los Cantajuegos.

Baldomero y los niños

Los niños fueron otra de sus pasiones. Llevaba a todos los pequeños a la escuela. Enseñó a nadar a su nieta Rocío, a la que acercaba siempre al instituto y a la que llevó a su primer partido con la peña del Atlético de Madrid. Rocío es la persona de la familia más parecida a Baldomero, de manera que el fuerte carácter de ambos les hacía discutir a diario. Sin embargo, se querían ciegamente y no podían estar el uno sin la otra.

En el último lustro de su vida y pese a sus 79 años, cuidaba a sus nietas Claudia y Marta, que viven en Badajoz, dado que sus padres trabajan fuera de casa. Estaba los días enteros con ellas: las paseaba, les daba los biberones, las acostaba…

Siempre presumió de todos sus hijos y nietas y se apuntaba a un bombardeo con tal de estar cerca de ellos.

Baldomero y los perdigones

Tal vez fuera el cuidado de estas aves su principal afición. Era tal su fiebre que no cogía las vacaciones en verano, como todo el mundo, sino a finales de enero, porque era la época de cría de sus perdigones, a los que trataba con un mimo especial. A uno de los últimos que tuvo le llamaba Javi, en honor del novio de Rocío.

Baldomero y el cariño

Nuestro querido paisano era muy sensible, incluso llorón. No había película en la que no soltara alguna lágrima, incluso en las de John Wayne, sud favoritas. Era muy refranero y solía improvisar sobre la marcha algunos versos. Por ejemplo, iba al Spar a comprar y mientras le atendía Javi, en la carnicería, le soltaba: “Partes la carne con esmero, porque eres el mejor carnicero”.

El caso es que su familia puede presumir del cariño y la estima que el pueblo le tenía a Baldomero.

Ahora se ha apagado su voz, una de las voces del hermoso coro que formaba con sus dos hijos y dos de sus nietas. Su canción resonará siempre en la memoria de los suyos. Y en las noches frías del invierno, cuando se sienten todos juntos para celebrar la Nochebuena, el eco de la voz de Baldomero volverá a alzarse por encima de las suyas. Como en EL águila blanca, al que cantó en los mejores momentos de la historia del Festival Medieval.

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Portada: Baldomero, con su hijo Miguel Ángel y nietas Gema y Rocío. En el coro de El águila blanca.

Foto 2: Con Juana Corchado, de novios.

Foto 3: De camarero, con su hijo Agustín, desgraciadamente fallecido en accidente de tráfico.

Foto 4: Con un sombrero y su gracia.

Foto 5: Con su hija, Feli Pardo, en el Encuentro de colaboradores de AZAGALA de 2009.

Foto 6. Con uno de sus perdigones.

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