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Murillo da un mitin sin explicar por qué no se informó a la familia de la enfermedad de su ser querido

La alcaldesa Marisa Murillo compareció por fin para dar la cara por la polémica surgida al denunciar una familia que el ayuntamiento le ocultó información sobre la enfermedad de su padre, usuario de una residencia municipal. Pero Murillo apareció ante los medios y no dijo absolutamente nada, solo dio un mitin en defensa de las residencias, sus usuarios y sus trabajadores, como si alguien los hubiera puesto en cuestión.

La alcaldesa nos acusó, sin citarnos, pero se supone que se refiere a la familia del hombre afectado por sarna y a este medio de comunicación, de decir “impresionantes falsedades, mentiras y manipulaciones”. Pero no cita ni una sola mentira, ni una sola falsedad y ni una sola manipulación. Entonces, en qué quedamos.

Murillo no dijo nada de los motivos que llevaron a ocultar a la familia la enfermedad de Juan Rodríguez, hombre de 91 años de edad, por lo que es de suponer que da por buena la versión de Isabel Rodríguez y de su hija Esmeralda, quienes han actuado de forma ejemplar y en ningún momento han cuestionado a los trabajadores de la residencia, sino a los responsables últimos del funcionamiento de este servicio: el ayuntamiento.

La verdad es que poco tenía que aclarar la alcaldesa cuando la familia del afectado ha hecho público el documento en el que una especialista del centro de salud diagnostica la sarna y asegura que se ha tratado tanto a Juan Rodríguez como a sus compañeros de la residencia.

Marisa Murillo pide respeto a familiares y usuarios, cuando ha sido ella la única en faltar el respeto al usuario, dado que no se informó a la familia de su enfermedad, y a la propia hija del afectado, a la que acusó varias veces de “no importarle la salud” de su padre, y le llegó a decir que si no estaba conforme “se lo llevara de la residencia”.

Por lo demás, Murillo volvió a dedicar media intervención a alabar a su mentor, sin venir a cuento, porque nadie ha cuestionado en este caso su labor al gestionar la creación de las residencias, y no citó ni una sola vez la palabra “sarna”, como si le diera vergüenza o como si por el hecho de no nombrarla, fuera a desaparecer el problema.

Y, cómo no, los malos son AZAGALA, como si otros medios no hubieran informado del asunto, y su director Francisco José Negrete, del que dijo, copiando las palabras de su antecesor, que es “un político metido a periodista”. Como si solo ella y su mentor, que llevan casi toda la vida viviendo de la política, fueran los únicos con derecho a hablar de asuntos relacionados con la “política”.