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Carta a Elías Cortés

Por AURELIANO SÁINZ

Querido Elías:

Aunque ya sabía, desde hace mucho tiempo, que el escribir para ti era un placer, yo te situaba dentro del humor ‘codornicesco’, del que, como buen hispano, nunca te has desprendido, al tiempo que realizabas incursiones narrativas en relatos breves y aportaciones en artículos en distintos medios gráficos.

Bien es cierto que, cuando recibí ese bello y cuidado libro que llevaba por título Escribiré de amor en tus entrañas, me di cuenta que no tenías problemas para otras incursiones, caso de la poesía, y con un excelente nivel. Pero, claro, ese libro yo lo entendí como una extensa declaración de amor a tu mujer. Estoy seguro que, en aquel momento, a María Luisa le pareció el mejor regalo que le podrías haber hecho tras tantos años de una vida compartida, con lo que te esmeraste lo mejor que podías.

Sin embargo, no me imaginaba que también penetraras en el mundo de la filosofía, por lo que me alegré mucho del comentario que realizabas al último artículo que envié a Azagala digital.

Pero antes de continuar, y de abordar la famosa frase atribuida a Sócrates, quisiera hacer un breve paréntesis para dar una pequeña explicación de por qué te respondo por esta vía y no por la más habitual dentro de los comentarios.

Remontándonos unos meses atrás, recuerdo que en una de las últimas veces que estuve en Alburquerque, concretamente en la Ermita, saludé a Viti Pírez  y que, en medio de la charla, me preguntó por qué no entraba en los comentarios de la revista. En ese momento me resultó algo complicado aclarárselo bien, pues necesitaba una explicación un tanto larga.

Lo cierto es que yo funciono con el ordenador (o, mejor, ordenadores) y el correo electrónico, por lo que me sirvo del móvil de Flora, mi mujer, para otros menesteres, como el acceso a las redes sociales, puesto que así puedo concentrarme en los temas que llevo adelante: tesis doctorales, artículos, libros… Y, como móvil, tengo uno de esos pequeños que sirven para simples llamadas.

De todos modos, sigo puntualmente los comentarios que se hacen en Azagala, sea sobre lo que yo escribo como del resto de artículos o informaciones. De igual forma, estoy al tanto de quienes les gusta lo que remito, a los que agradezco enormemente sus lecturas, pues no hay nada peor para alguien que escribe comprobar que nadie le lee.

Así, aparte de gente tan conocida, faltaría más, como mi hermana Inmaculada, que vive al lado, es decir, en San Vicente, o Tomás, que lo hace en Sevilla, o Esteban Santos que me cita como catedrático, y, además, ¡con mayúsculas! (y es que los buenos amigos no lo disimulan), hay muchos más nombres de amigos y de otros que voy conociendo, lo cual me alegro mucho, pues, en alguna ocasión me agradaría charlar personalmente con ellos.

Y es que la edición digital de Azagala se ha convertido en foro de debate franco y libre, como eran los antiguos foros griegos y romanos en los que la gente se manifestaba de manera abierta y directa (aunque en este caso, sea un foro digital del siglo veintiuno).

Sobre la controvertida frase, “Critón, le debemos un gallo a Esculapio. Paga mi deuda y no la olvides”, que Platón atribuyó a su maestro Sócrates y que este dirigía a su también discípulo Critón antes de su muerte, como no podía ser de otro modo, se han hecho distintas interpretaciones. Yo me quedo con la explicación que dio el helenista y filósofo español Carlos García Gual, ya que es uno de los grandes conocedores de la filosofía griega clásica. Dice la siguiente:

“Sobre esta deuda con Esculapio se ha escrito mucho. Pero la alternativa básica es si se trata de una ironía o de tan solo de recordar al fiel Critón una deuda real, a causa de un determinado voto en una ocasión anterior desconocida para nosotros. Sería una ironía si Sócrates tratara de expresar así su agradecimiento al dios de la salud, al curador y médico por excelencia, porque ‘Sócrates considera la muerte como una curación de todos los males’, como apunta Bluck. Pero a otros, como Wilamowitz, menos imaginativos no les complace esta interpretación y señalan que ‘la vida no es una enfermedad ni Esculapio cura males del alma’. Pero se ve mal, si aquí no hay una alusión irónica al destino presente de Sócrates, por qué Platón, a tantos años de distancia de la muerte del maestro, iba a tener interés en recordar una frase tan trivial. En todo caso, sí que es intención platónica destacar cómo, en sus últimos momentos, el Sócrates al que se condenó por impiedad se mostraba piadoso con los dioses tradicionales”.

Bueno, no me alargo más, pues uno de mis problemas es que acelero y me extiendo sin darme cuenta. Continuaremos charlando. Por mi parte, te indico que el próximo escrito tratará del ‘Paraíso perdido’, aquel que vivimos cuando éramos ‘chiquininos’, como dice tu hermano José Antonio.

Un gran abrazo desde Córdoba, y si no logramos vernos en Alburquerque, nos podemos encontrar en este magnífico foro que es Azagala.

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