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¿Dónde está el proyecto?

AURELIANO SÁINZ

El daño ya está hecho. El maravilloso paseo de Las Laderas ya no existe. Solo pervive en la memoria de quienes lo gozaron durante los largos años de su existencia. Ahora, lo que queda en su espacio es una especie de desierto sucio y polvoriento en el que se realizan o, mejor, se parchean obras sin sentido y sin rumbo. Y para que a nadie se le encoja el corazón al contemplar semejante barbarie se cierran las entradas a ambos lados. De todos modos, quienes quieran ver en qué ha quedado nuestro mítico paseo saben el modo de acceder al mismo sin tener que enfrentarse a las vallas metálicas que cierran paso.

Contemplarlo es dar entrada a la pena, la nostalgia y la desolación, sentimientos profundos a los que se unen la rabia y la impotencia al saber que de nuevo hemos sido engañados impunemente. ¡Otra vez! ¡Cómo es posible ser objeto de tanta burla y desprecio a lo largo de todos estos últimos años! ¡Es que no hay medio de detener tantas mentiras, o es que nos hemos acostumbrado a ellas!

Uno llega a pensar que los alburquerqueños sufrimos una especie de maldición que se ceba en el rico Patrimonio que habíamos heredado de nuestros mayores, con el que tenemos el deber moral de conservarlo y mejorarlo.

Y es que basta echar una mirada hacia atrás para comprobar que las locuras de quien decide por su cuenta y riesgo el devenir de Alburquerque no se detienen. Y todo ello sin exponerlo a los vecinos, sin consultar con quienes están técnicamente formados, sin debatir públicamente con las otras fuerzas políticas con el fin de llegar a la mejor solución compartida para, de este modo, encauzar el desarrollo de un pueblo en estos tiempos de grandes incertidumbres.

“Informar, consultar, debatir… ¡No! ¡Eso jamás!”, piensa para sí. Él solo se basta. Su mente privilegiada le dice que realmente lo que conviene (o, lo que le conviene a él) es ocultar, tergiversar, engañar, mentir. Eso sí, contando cosas maravillosas que él mismo imagina y que no tiene por qué compartirlas con nadie, y menos aún con la oposición, pues lo que ella pretende es atacarlo para quitarlo de su cargo que tanto le ha costado conseguir y en el que desea continuar, cueste lo que cueste, pues es su medio de vida.

Para no extendernos mucho en las explicaciones, y dar respuesta a la pregunta que encabeza el artículo, echaremos una mirada hacia atrás y recordar cómo hace algo más de una década “su” hospedería iba a ser uno de los grandes motores del impulso económico de Alburquerque. Así lo “vendía” al pueblo de modo insistente, con la seguridad de que todo el mundo le creería.

No obstante, se hacía necesario ocultar la maqueta, que no se la viera, porque era posible que muchos se asombraran de la enorme torre de hormigón armado que subiría hacia el cielo, de la pasarela que había que construir para penetrar en el Castillo y de la nueva edificación de habitaciones a proyectar alrededor del Patio de Armas.

Pero, ay, se pudo conocer la maqueta y comprobar que esa insólita hospedería conllevaba una alteración inadmisible de la mejor fortaleza de la arquitectura militar-medieval de Extremadura. Además, para su desgracia, por esas fechas nace en Alburquerque la Plataforma en Defensa del Castillo de Luna que, posteriormente, se convertiría en Adepa (Asociación para la Defensa del Patrimonio).

“Yo, a estos, con un soplo los elimino”, manifestó de modo inmediato y públicamente para que todos conocieran su poderío, su fuerza, ya que contaba, tal como gustaba decir, con una red de apoyo que lo apadrinaba. Era tal su arrogancia que no podía imaginar que esa pequeña asociación lograría, tras varios años de luchas y demandas judiciales, acabar con los distintos proyectos que se sucedieron uno tras otro.

¿Y en qué ha quedado ese genial proyecto que, incluso, serviría para que los discapacitados, por fin, pudieran acceder al Castillo? Pues en que ahora hay que subir a pie desde el nivel de la iglesia de Santa María; en que los Baluartes, convertidos en Centro de interpretación del Medievo, están cerrados a cal y canto; en que, con el paso del tiempo, el abandono y el desinterés por el propio Castillo se ha hecho evidente, dado los enormes boquetes que se le están abriendo en distintas partes de sus muros y que van minando su integridad.

Pero todo esto no es de extrañar. El desinterés por nuestro Patrimonio es total. ¿Se acuerdan de las promesas de consolidación y restauración del puente romano de Guadarranque? Todas ellas se las llevó el viento. Ahora da pena contemplarlo. El camino del puente se ha venido abajo, al igual que los arcos de medio punto. Como expresión de la desidia institucional, quedan en pie los pilares aislados al modo huesos desnudos de un antiguo cuerpo al que se le abandonó en mitad del campo.

Pero aún nos faltaba por conocer el mayor atropello que se le podía ocasionar a nuestro pueblo: la destrucción del inigualable paseo de Las Laderas.

Tal como he indicado al principio, el daño ya está hecho. Sin embargo, ahora nos preguntamos: “¿Dónde está el proyecto para que conozcamos qué es lo que se pretende hacer con el paseo y que justificaría la tala y arranque de todos los grandes eucaliptos que marcaban una de las líneas de su recorrido?”.

A estas alturas, nadie conoce el proyecto de reforma de Las Laderas. Todo ha sido pura verborrea con el fin de ocultar y mentir, como de costumbre, para hacer creer al pueblo que el resultado será maravilloso.

Sin embargo, en la actualidad no hay justificación para esconderse detrás de las palabras, puesto que nos movemos en la sociedad de internet y los medios de comunicación, por lo que es posible informar a los ciudadanos de cualquier proyecto a través de un diseño gráfico virtual, sin necesidad de realizar ninguna maqueta en madera o de cualquier otro material. Había, pues, una fácil solución en el caso de que verdaderamente se deseara tener informado al pueblo.

Tras saber que a la oposición municipal se les había denegado conocer el proyecto de reforma de Las Laderas, los miembros de Adepa acordamos solicitar oficialmente acceder al proyecto, pues como documento público puede consultarse. De este modo, con fecha del 8 de abril, y con firma del presidente de Adepa, se presentó un escrito en el registro del Ayuntamiento para que el arquitecto de la Asociación (quien esto firma) pudiera consultarlo.

A pesar de que debe responderse oficialmente en cinco días a los escritos, lo cierto es que Adepa no ha recibido aún ninguna respuesta.

Al no tener respuesta, buscamos otros medios para llegar al proyecto. Uno de ellos fue acudir a la Diputación de Badajoz, por entender que para llevar adelante un proyecto de reforma de tal envergadura sería posible acometerlo recibiendo una subvención de este organismo.

De este modo, acudimos a la Diputación pacense. Puesto que en esos momentos no estaba el director de la sección correspondiente, se nos indicó que al día siguiente se nos proporcionaría información acerca de la petición solicitada. Efectivamente, al día siguiente se nos indicó que en la Diputación no había registrado ningún proyecto de reforma de Las Laderas de Alburquerque.

Quedaba una tercera vía: la Junta de Extremadura, dado que el paseo de Las Laderas queda dentro del entorno de un Bien de Interés Cultural como es el Castillo de Luna y en la Ley de Patrimonio Histórico y Cultural de Extremadura, en su Artículo 38, se indica que “La existencia del entorno realza el Bien y lo hace merecedor de una protección singular”. Es decir, de un proyecto que respetase los valores tradicionales del propio paseo.

Pues bien, para recabar información, acudimos a la Dirección correspondiente de la Consejería de Medio Ambiente Rural, Políticas Agrarias y Territorio, ubicada en Mérida. De igual forma, nos indicaron que allí no había registrado ningún proyecto referido al paseo de Las Laderas de Alburquerque.

Puesto que no hay ningún proyecto ni en la Diputación ni en la Junta de Extremadura, pasadas casi tres semanas, acudimos de nuevo al Ayuntamiento para preguntar las razones por las que no se nos respondía al escrito registrado. Como ya nos temíamos, las evasivas fueron las explicaciones dadas. Es decir, que ni siquiera un arquitecto puede conocer lo que se está haciendo en Las Laderas. ¡Secretismo total!

***

Personalmente, tengo que decir que es la primera vez en mi vida que como arquitecto no accedo a un proyecto oficial tras haberlo solicitado por escrito. Esto es el reflejo del oscurantismo que se vive en Alburquerque y que da lugar a que su rico Patrimonio sea atacado sin ningún tipo de contemplación. Es también la consecuencia del despotismo que se vive en el pueblo desde hace años, y que nada tiene que ver con la democracia que debería regir hasta el último rincón de nuestro país.

Para finalizar, creo que sería importante que todos los alburquerqueños, especialmente los que tienen derecho a voto, antes el día 26 de mayo se acercaran a lo que fue el paseo de Las Laderas y, viendo lo que tienen delante de sus ojos, con toda sinceridad se respondieran a las preguntas: “¿Es esto lo que siempre he soñado para mi pueblo? ¿Es esto lo que deseo, es decir, que decidan por mí sin que me hayan informado y que tenga que aceptar decisiones que nos afectan a todos tomadas por una sola persona? ¿Se construye así el futuro de Alburquerque?”

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Portada: Aspecto actual de las Laderas.

Foto 2: Maqueta de la obra de la hospedería que Vadillo ocultó durante meses hasta que la descubrimos y se publicó en portada del periódico HOY.

Foto 3: Puente de Guadarranque, cuya rehabilitación aparece en todos los programas electorales desde hace 16 años.

 

 

 

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