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El número 100 de AZAGALA será mítico y para coleccionistas

La Redacción de la edición impresa de AZAGALA última este fin de semana su número 100, un ejemplar para coleccionistas, una revista diferente, con la participación de columnistas actuales, pero también de aquellos que han formado parte de la larga relación de colaboradores de esta publicación independiente de carácter informativo y cultural fundada en 2008.

Contamos con la firma de un escritor alburquerqueño universal, el más importante de todos los tiempos, Luis Landero, lector y suscriptor de AZAGALA, quien habla de Alburquerque y de lo que supone para él recibir cada mes nuestra revista. Nos reencontramos con Aureliano Sáinz, quien fuera presidente del Colectivo Cultural Tres Castillos, editor de AZAGALA, revista de la que fue fundador y coordinador. Y de ello nos habla, así como de su paso por Adepa, la asociación a la que todo alburquerqueño y todo amante del patrimonio en el mundo, debe estar agradecido porque salvó nuestro castillo de su muerte en vida, con aquella torre de hormigón de 35 metros de altura y la pasarela de cristal de 25 metros de larga que perforaba la muralla para entrar en la fortaleza, proyecto que nuestro ayuntamiento defendió con uñas y dientes y que, afortunadamente, Adepa consiguió parar con la ayuda de la Unesco, Adenex, Academia de Bellas Artes de San Fernando, Amigos de los Castillos, etc.

También podremos leer a Juan Calderón, editor de varios libros y poemarios, quien desvela por vez primera una experiencia tremenda que tuvo en la infancia en Alburquerque; así como a Santiago Gamero, poeta que nos brinda algunas obras en la que refleja su visión de este pueblo que le vio nacer.

Otro fiel colaborador de muchos años, suscriptor de AZAGALA como los anteriormente citados, al que nos costó convencer fue a Luis González Soto, con quien el director de la revista, Francisco José Negrete, charla a menudo. Éste está dolido con el pueblo, con razón, porque entiende que se le ha tratado injustamente, especialmente por tres motivos que siempre nos recuerda: en primer lugar, era director de la escuela de música cuando el nuevo alcalde, Ángel Vadillo, llegó al poder en 1995, y prescindieron de él sin ni siquiera darle las gracias ni avisarle. De hecho, fue sustituido por Julián Cano, a quien nadie le dijo que existiera tal escuela de música. Por cierto, Julián caería en la “lista negra” años después, y ahí sigue. Su segundo motivo es que, a pesar de haber ganado diversos premios nacionales de prosa y poesía, nunca se le ha dado relevancia en los medios de comunicación locales. Y el tercero, y más grave, el que le hizo sufrir durante años, fue el “secuestro” de su libro “El fin del olvido”, por parte del ayuntamiento, dado que nuestro alcalde se negó durante más de 5 años a sacarlo a la luz y lo tuvo todo este tiempo apilado en cajas. Fue su forma de “castigar” a González Soto por haber sido crítico, por escribir en AZAGALA y por manifestar su opinión contraria a la hospedería en el castillo. De hecho, cuando ya se presentó su obra, Luis no asistió al acto.

Otras firmas que se podrán leer en este número especial son las de Juan José Viola, autor durante años de una columna semanal en el periódico HOY y del libro Cartas a la duquesa de Aveiro, Paco Navas, Vicente Rufino, Antonio Castaño (con un artículo rescatado del primer número de la revista), Jesús Lara y Juan Ramón Duque, aparte de los habituales, Antonio Rubio, Vicente Martín, Eugenio López, Julián Cano, Juan Francisco Campos, Elías Cortés, Juan Díaz, Enrique Pírez, Teo Collado, Lázaro Rubiales, Fausto Carozo, Ana Gamero y Francis Negrete.

Aparte de las colaboraciones, el número 100 tendrá reportajes exclusivos y fotografías antiguas inéditas.

El lunes se cerrará su edición y se espera que esté en la calle el día 14, coincidiendo con el Encuentro de AZAGALA, que este año se celebra en Machaco-Alameda, y para cuya inscripción cumple el plazo también el próximo día 9.

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FOTO 1: Colaboradores y suscriptores de AZAGALA en una de las comidas con Luis Landero.

FOTO 2: Parte de los baluartes del castillo, en concreto el conocido como Pico del Diamante, destrozado por las obras de la hospedería.

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